miércoles, 13 de mayo de 2015

ocaso para locos

la belleza del mundo
la vida
a través de un cristal
el marco de tus lentes
el sol efecto invernadero
quemando la punta
del pétalo de la margarita
calor en el pecho
jardín abierto
correr a mansalva
campo verde dinamitado
de amor
pasto esponjoso
reposa tu vientre
arrancaste las malezas
espinas de adiós
una mariposa de papel
inquieta las mentes pulcras
a lo lejos el faro
señalizando  la vida
que no encallen los sueños
rompan en la orilla
la espuma del mar
memoria brillante
una infancia en colores
bailando resistió la correntada
ocaso para locos
en la tangente de la imaginación
ven en sombras
la mejor cara de la luna

jueves, 26 de marzo de 2015

desintegro

la casa donde vivo se desplomó
destrozando el corazón
cuerpo nudo se desata
cráneo en mil pedazos
manos desarmadas del tiempo
ojos miran para adentro
y el alma se enciende de luz

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

soy un paisaje eterno
bailando con el sol
nacen colores de la tierra
brotan árboles de la piel
y en un columpio de madera
vuela mi libertad
al compás del viento

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Cuánto tiempo tarda en caer sobre el mantel el pétalo marchito de una flor?

El pelo negro y carré, un mechón blanco que corta con el azabache bordea la frente y se lo acomoda cada tanto con los dedos. Nunca fue a la peluquería, prefiere sus tijeretazos, algo rápido y sencillo. Y nada de tinturas. Mira el teléfono, verde militar con botones negros, mezcla de antigüedad y vanguardia. Va a marcar y esperar a que la atiendan, su hijo debe saberlo.
Todos los días Oscar llega primero a la oficina, incluso antes que su jefe cascarrabias, y compra tres facturas: una medialuna de grasa, una bola de fraile con crema pastelera y un moño de membrillo. Tiene debilidad por lo metódico, debe bajar el cordón con el pie de derecho y subirlo del otro lado con el izquierdo. Esta vez algo ha fallado en sus cálculos matinales, lo presiente por la manera en que el colectivo frena abruptamente en la parada donde desciende. Baja el cordón con el pie derecho y cruza Viamonte, esquina Suipacha, mirando su reloj, deseando no haberse pasado del minuto en el que debe pisar el cordón con el pie izquierdo.
Pedro pasa el primer rato de la mañana escuchando cómo su mamá lo reta desde la cocina, en una hora es la prueba y no estudió lo suficiente. Él prefirió jugar todas las tardes a la pelota en el pasaje de la vuelta, o cambiar figuritas con Joaquín. Además, no le gusta la Física. Su materia preferida es literatura, sobre todo cuando la seño le da para leer cuentos fantásticos, de brujas, o futuristas, o cuando lo deja que escriba un cuento con tema libre. Pedro intenta una vez más memorizar un párrafo de su manual, lo lee en voz alta, casi gritando "Los pesos de dos cuerpos que reaccionan sobre un mismo peso de un tercer cuerpo indican, por sí o multiplicados por un factor sencillo, los pesos de aquellos cuerpos que reaccionan entre sí, si es que pudieran reaccionar."
El mar en las costas del Sur está revuelto, pica con fuerza en las piedras. El sol se refleja en el agua, y las olas en los acantilados. Después de una tormenta fuerte, la orilla se llena de caracoles y conchillas que lastimarían las plantas de los pies. Pero en invierno las playas están desoladas. Quedan los grafitis en las piedras de las parejas que allí se besaron. El sonido de los pájaros combina melodías con el chasquido de las olas. Sola la naturaleza despliega sus sentidos, el sol salió hace un rato largo, no hay precisiones sobre el tiempo. El mar trae consigo una bolsa de plástico roja envuelta en algas, la deposita en la orilla y abre un misterio.
Un ramo de flores lanzado por una novia y atrapado por una joven reposa en un florero antiguo sobre la mesa. Se lo regaló su abuela, con la promesa de que lo luciera en su hogar de casada. No imaginaba la anciana, que las chicas modernas vivirían solas antes del matrimonio. Claudia adora a Marisa y sus ideas de Cenicienta, por eso aún conserva el ramo, a pesar de que el casamiento fue hace dos semanas. Yendo al baño a lavarse los dientes, pasa y ve que las flores ya están marchitas, especialmente una, que están por desprenderse sus pétalos. Piensa qué tienen en común ese ramo y ella, en la fiesta, en el instante en que salta, estira los brazos y lo atrapa. Cae sobre el mantel el pétalo marchito de una flor, y desparrama en el aire su última fragancia, una mezcla de olor a jazmín, a hoja seca, a humedad.

viernes, 20 de febrero de 2015

La casa protege al soñador

Esta noche voy a construir mi casa. Será arriba de una colina, en el medio del mar. Voy a construir una casa enorme, con muchos cuartos, rincones y espacios. Uno para mis días de ira, otro para los creativos, los espirituales, los miedosos, los pesimistas. Afuera plantaré el pasto para poder rodar en él, deslizarme hacia el mar. Mi casa tendrá muchas puertas, para que entren quienes yo quiera invitar, y ventanas para contemplar las diferentes perspectivas desde la altura. Voy a levantar paredes gruesas, fuertes, por si vienen a querer derribarlas. Voy a poner una cerradura y una llave, para que no puedas cumplir tu fantasía de romper mi casa, de quebrarme el cuerpo. Mirillas para la gente que ya no quiero mirar a los ojos, ni recibir sus miradas lacerantes. Construiré una habitación sin techo, para ver las estrellas hasta conciliar el sueño, me moje la brisa de verano, los sueños puedan salir volando, junto con mis seres imaginarios, para que el sonido del mar me haga sentir menos sola. Esta será la casa más propia de todas las que sentí mías. Pintaré las paredes y los muebles de blanco, algunos verde agua. Voy a construir también un altillo de madera, donde guardaré mis recuerdos y deseos más profundos, será el sitio de la casa donde nadie pueda acceder, como mi alma rota y desencantada.

jueves, 29 de enero de 2015

Distancias

La cama gigante, son peces que nunca se cruzaron en la inmensidad del mar. El auto más ancho que la ruta, un asiento de cada lado de la carretera, y por el medio se escapan los sueños.  Las extremidades del cuerpo larguísimas y torpes, no pueden abrazarse. Palabras balbuceantes, olvidan conjugar el verbo amar, gritos se vuelven sordos. Los pies enredados, cansados, zigzaguean sin rumbo, ya no caminan a la par. La mente una estrella fugaz, brilla fuerte y se va, a perderse en la fantasía de la eternidad.

viernes, 23 de enero de 2015

Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
(…)
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.
“Preguntas de un obrero que lee”, Bertolt Brecht.

La ciudad duerme y las luces se encienden. La noche es un nuevo mundo que se abre cada día. Letreros luminosos, bambalinas, puertas de bronce. Adoquines legendarios donde pisan las estrellas, los protagonistas, las caras visibles de las grandes obras. Señoras paquetonas de peinados con mucho spray y los pibes que buscan refugio en el arte. Colas, autos, bocinas. El obelisco de fondo completa un paisaje casi de postal, si no fuera por los mendigos que buscan la moneda para el pan. Cuando la ciudad duerme, se enciende la calle corrientes.

-          ¿Sabes qué, Laucha? A veces pienso si en vez de estar acá arriba, viste, estuviéramos ahí abajo en esas tablas de madera… todo oscuro… ¡Imaginate! ¿lo ves? ¡¿lo ves!? La gente mirándonos con los ojos así de grandes… ¡Así! ¡Mirá!
-          ¡Pará, huevón! ¡Qué me tocá’ así lo’ ojo’! dejá de decir boludece’, queré…
-          No, ¡Lauchita!, es un sueño que yo tengo siempre ¿sabés?
-          ¿Un sueño de qué? ¿De qué me habla’ vo’? 
-          ¡Un sueño, Laucha! ¿Vos nunca soñás antes de dormir? Con los ojos abiertos digo, no los sueños de cuando se duerme. Cuando volvemos y ya es de día. O acá mismo, cuando ponemos los fierros. Soñar… ¡soñar, Laucha! Soñar es…
-          A vece’ me imagino a la Ester en la ducha…
-          ¡Pero no digo eso, che! ¡Los sueños que lo hacen a uno sentirse libre!
-          Yo ahí me siento libre, porque si me pesca la Laura, ¡mamita!
-          Hay que imaginar, Laucha, vos escuchame a mí, che. Yo siento que sin ilusión no tengo nada, no quiero pensar en estar toda la vida subido a esta escalera, conectando cables, poniendo fierros…
-          Y bueno, qué queré’ vo’... ¡es lo que hay! ¡no queda tiempo de pensar!
-          ¿Pero vos pensaste alguna vez…?
-          No tengo tiempo de pensar.
-          Pensaste que acá arriba este cartel luminoso va a brillar todas las noches siguientes, harmosos. Desde los autos caros lo van a mirar, les va a sorprender, van a creer que están en la ciudad del progreso, como esas fotos que muestran de las grandes ciudades…
-          Sí, esa’ la’ vi, ¿y?
-          ¿Bueno y quién se acuerda de nosotros que laburamos toda la noche para colgarlo? ¿Quién nos juna, Laucha?
-          Nadie, Vitor.
-          ¡Y por eso!
-          ¿Por eso qué?
-          ¡Uh, Laucha! ¡Sos duro, eh! ¡Que tendríamos que ser actores nosotros dos!
-          ¿Te volviste loco, Vitor? Yo sólo puedo actuarle a la Laura cuando…
-          “Victor y el Laucha, los locos de los techos” con letras bien grandes…
-          ¡El burro adelante pa’ que no espante!
-          ¡Que harmoso, Laucha! Una comedia… con chicas pomposas, todas así bien carnosas…
-          Uhm…
-          ¡O un drama! Y hacemos llorar a las minas hasta que se les arruine todo el reboque de la cara… ¡Ahí sí que nos prestarían atención, Laucha!
-          ¿Quiene’?
-          ¡La gente, Laucha!
-          Pero ganaríamo’ do’ peso’, Vitor, sabe’ qué, la Laura…
-          ¡¿Qué importa eso?! ¡Nos buscamos una changuita más! Además los actores de la tele, se ve que se dan la gran vida…
-          Qué vivo, vo’ no va’ a poder llegar a la tele…
-          ¿Qué sabés? Igual yo hablaba de otra cosa
-          ¿De qué cosa?
-          ¡Uy, Dios!
-          Que aunque estemos acá, trabajando para el patrón, hay que desear otra cosa, hacer algo que no guste más, cumplir un sueño…
-          ¿Y para qué, si igual seguimo’ acá?
-          Porque Laucha, no entendés, si empezás por pensarlo, eso te da libertad en la capocha… Y cuanta más libertad en la capocha, ¡más libres somos como personas! ¡Ahí está lo resolví!
-          ¿Qué resolviste?
-          Lo que estuve pensando estos días
-          ¿Y qué pensaste?
-          ¡Dale, Laucha! ¡Cortala de ser tan boludo, querés! ¿No te das cuenta que así no somos libres? No podemos viajar a donde quisiéramos, pasamos toda la noche acá mientras nuestras mujeres y los pibes duermen, y cuando ellos se despiertan nosotros tenemos que dormir, y todo el esfuerzo para igual llegar con lo justo a fin de mes, nunca poder ir al cine, al teatro, a ver fútbol, todos los días uno igual al otro, ¿para qué, Laucha? Si toda la plata se la lleva él. A nosotros nos deja el cansancio, las manos cortadas, los músculos de la gamba doloridos de estar acá arriba… y siempre la angustia de sentirse un pobre más…
-          Puede ser, Vitor, puede ser que tenga’ razón, nunca lo había pensado así…
-          Vení, Lauchita, no pongas esa cara, ¡dame un abrazo!
-          Ey, salí vo’…
-          Dale, Laucha querida, que si nosotros no nos queremos laburando acá tantas horas, nos comen los de afuera, como dice el refrán… ¿cómo era?
-          No sé
-          Bueno, no importa, ¡escuchate cómo canto este tema de los Redondos que me encanta! ¡Canta conmigo, Laucha! ¡Que nos escuchen hasta abajo!
-          ¡Alta banda esa! ¡Bien ahí, Vitor!
-          Banderas en tu corazón,
yo quiero verlas!
ondeando, luzca el sol o no
Banderas rojas! Banderas negras!
de lienzo blanco en tu corazón…
Esperando allí nomás,
en el camino,
la bella señora está desencarnada.
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón… 
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas...
ticks de la revolución
implacable rocanrol
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro. 


martes, 9 de diciembre de 2014

Vuelven a mí

Estaba adentro de un taxi, sentada en el asiento de adelante, llegando tarde al trabajo. Había estado leyendo una novela en el colectivo, compenetrada en una historia de amor y aventura, que hizo que me distrajera y me pasara de donde debía bajarme. No sabía dónde estaba, ni cómo volver.  Por eso decidí tomar un taxi, en una avenida colapsada por el tránsito. Los autos no avanzaban y el tachero aprovechaba para piropearme e invitarme a salir. Quería escaparme, siempre me dio miedo estar sola en un auto con un hombre desconocido. El tipo se me acercaba cada vez más. Abrí los ojos. Me pesaban mucho, desde las cejas hasta los párpados y las ojeras, era muy difícil mantenerlos abiertos. Miré el despertador y eran más de las diez. Entro a las nueve a trabajar, llego todos los días nueve y media, pero me despierto a las siete. Me levanté de la cama, con el cuerpo también pesado, y muy mareada, me costaba llegar hasta el baño. Cuando pasé por el comedor encontré a mi padre sentado leyendo el diario, se ve que volvieron a vivir conmigo, pensé y abrí la ducha. Desde adentro de la bañera se oía una voz que relataba algo que no comprendía, en un impulso arranqué la cortina, y era mi mamá que estaba duchándose. Le pedí que por favor se apurara, porque estaba llegando tarde, aunque mi cuerpo estaba muy enlentecido como para sacarse la ropa. De mientras, me mostraba dos pititos que tenía en su panza. Abrí en un sobresalto los ojos, el espacio era pequeño y rectangular como una caja, mi voz resonaba con eco cuando gritaba preguntando si había alguien del otro lado que me oyera. Las paredes eran plateadas y se despedazaban si las rasguñaba con mis garras. El aire empezó a faltarme, sobre todo cuando descubrí que el único lugar por el que entraba oxigeno era un pequeño agujerito, un círculo perfecto, como hecho a máquina, del diámetro de un sorbete. Abro los ojos con fuerza como si estuvieran pegados. Tengo un perro hincando los dientes en mi brazo, dejando mi mano dentro de su boca, siento como sus colmillos atraviesan mi carne. Después de tironear unos segundos, logro que se desprenda con un sacudón. Gatos se lanzan hacia mi cuerpo con sus uñas filosas, quieren colgarse de mi piel. Los pateo con toda la fuerza de mis muslos, salen volando, pero rebotan y vuelven a mí. Ratas caminan mansas, suben lento por mis pies, escalan sigilosas por mis piernas generando un cosquilleo, pasan por mis pechos, se saltean la boca y se comen mis ojos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

pez rojo

la razón no entiende el destino del cuerpo
el no destino, el temblor
un segundo antes de la luz
blanca luz saliendo de los ojos
proyectando una vida
la edad multiplicada por siete
los silencios de la sala
una noche en la caverna del terror
latigazos en el pecho
se solicitan guardianes de la historia
presentarse con urgencia
para no olvidar
el aire es violento, se ahoga
gotas de lagrimas densas
la jaula es fría
más que su cuerpo inerte
sábanas sucias olvidadas
un pez rojo espera al acecho
ashley ashley ashley
hay que repetir su nombre
¿un nuevo duelo
sana el anterior?

martes, 7 de octubre de 2014

todavía

no aprendí
ni media gota de lágrima
el vaivén de la palma
al decir adiós

ni un segundo de vacío
el pecho hundido
cambiar la piel

ni a combatir el insomnio
tocarte en un sueño
secar la flor

todavía no aprendí
ni a olvidar el abrazo
callar el nombre
masticar dolor

miércoles, 17 de septiembre de 2014

ojos mundanos

sin nudo que cierre
el paquete de mis recuerdos
estos días de nomadismo
juntaron polvo de plata
cada vez que encontré en el mar
el reflejo de mi mundo
plebeyos sabor frutilla
montañas de acordes filosos
cuerpos que se parten de amor
dolor
sueños de niña mimada
colores de eternidad 

la huida dejó cansancio
un péndulo de espaldas al corazón
no escucho la voz que me llama
piernas de plomo
cuerpo baboso
no puedo llegar
observo mi mundo
desde una ventana prestada
pequeñito agujero del tiempo
espíritus delirantes
rebeldes combativos
princesas feministas
pies voladores
gargantas de terciopelo
alguien mira
triste por una hendija
supo estar de este lado
brilla su palidez
tiene los ojos mojados 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Río manso

El lomo pequeño de Cachorra moviéndose entre las baldosas, es un gusanito arrastrándose por la tierra fresca, un niño gateando en busca de su juguete moviendo la cola para conservar el equilibrio. Un pedazo de vida que cabe entre las manos, inquieto al toparse con el nuevo mundo. Terciopelo suave, un vestido de seda acariciado con el alma. Su pelo tornasolado, son las hojas del pastizal mostrando los diferentes colores al bailar con el viento, las mil caras de la luna.

Aumenta de peso y de tamaño, para ser fuerte como los arboles donde le gusta frotarse. Se mueve velozmente, arroyo de gran caudal que zigzaguea hasta desembocar en la libertad del pájaro que canta por la noche, girando como un reloj que ya perdió la cuenta de la cantidad de vueltas que dio. El pasto es el regazo, mullido, un colchón de esponjas, donde puede descansar. Hasta que vuelve al movimiento corpóreo, natural, cabalgante como el potrillo que quiere llegar a su meta. Emana energía cinética, que se propaga como la peste más hermosa, igual al amor cuando vuela por el aire en micropartículas.


 Los días se suceden uno a uno, un balde que se llena y rebalsa con una gotera que miramos cotidianamente sin querer creer en la dimensión de sus gotas. El lomo ahora se mueve como un río manso, que aumenta levemente la marea y vuelve a bajar, fatigado. Redondo e hinchado, un globo de gas denso esperando ser soltado para volar entre las nubes, escabullirse en ellas. Se acurruca entre mis pies, siento el calor de un hogar a leña que recorre mi cuerpo hasta alojarse en el pecho. Me pesa en la espalda cada paseo que la correa lo tironeó para que no se aleje, las veces que fue almohada, o llevó a una de mis muñecas hasta su príncipe. Su lomo es mi espalda. Juntas refunfuñamos para que no llegue el amanecer que nos va a separar.

martes, 10 de junio de 2014

Vidguiega

Oh, hoy me pagueció vegte pog ahi. La falda de Antoinette temblaba con el tgaca tgaca tgaca del tganvía. No me dejaba veg nada. Tenía miedo que me cayega pog el tembleque del asiento. Me apgetaba la cabeza contga su pecho. Oh mis bucles, casi se desagman, si me hubiegas visto ¡Qué calog!

Cgueo que te vi de espaldas, Fgansuá, te llevaban paga adentgo al aggastgue pog el suelo de magmol. ¿Quién te espegaba adentgo? ¿A dónde te ibas sin mí? Si siempgue estuviste atgás del cguistal limpio y bguilloso, como mi cabello guizado y dogado, suave, Antoinette lo cepilla y luego agma los bucles de nuevo. Tomamos el té todas las tagdes en tacitas de pogcelana, antes de dogmig en mi chalet al pino sin paguedes. 

Oh, no me cgueeguían, pego estoy seguga que egas vos. La puegta de madega púgpuga, se abgue y ciega a cada gato. Guecuegdo cómo cguge, gchin, gchin, como el día que me viniegon a buscag. Nos despedimos con un vestido lila y una camisa azul. Hoy pienso que me quisiega habeg quedado, luciendo tgajes, sombguegos, migándonos hasta que caiga el sol, y las señogas bajen la pegsiana. Guiéndonos de los juguetes de madega abugguidos, o de los osos de peluche sin estilo, ni delicadeza. Susugando pog las noches paga que los niños no escuchen. No me puedo quejag del bgazo y las faldas de Antoinette, pego no pude olvidagte, Fgansuá. Ese día que los bebotes mofletudos, nos llenagon de baba los cachetes, me sentía tan asquegosa, y vos con el pañuelo de tu bolsillo me secaste a mí y después secaste a vos. Ese pañuelo con baba nos unió paga siempgue.

¿Te acogdás, Fgansuá, de mis sueños? Antoinette piensa que soy como ella, se olvidó dónde me encontgó, que no voy a cgueceg y que no quiego tampoco, nosotgos no necesitamos eso. Insiste con el té con platito y las masas dulces. Pego ahoga que te vi desde la ventana del tganvía de espaldas, siento que abguí los ojos de vidguio, Fgansuá. Cuando pasó el tembleque y llegamos a la estación me metió adentgo de su bolso, los ojos se me ceggaban, queguía teneglos abiegtos. Oh, mi moño se iba a soltag, el encaje de mi vestido, enganchagse con el cieggue de su cagtega. Vos me lo elegiste, estaba guecién cocido, ¿te acogdaguías si me viegas? No, pego no ahoga, quedé despeinada de este paseo al que me tgajegon. No quiego que me veas así, y pienses, igual que Antoinette, que soy como ella, que puedo cgueceg, volvegme ggande, despeinada y fea. Pogque está convencida, si la escuchagas cómo me habla, entendeguías lo que te digo de su confusión.  Yo soy como vos, nunca me tendguían que habeg agguebatado de esa vidguiega. ¿O fue mi deseo escapagme, pensando que eso que llaman vida estaba afuega? ¡Salvame, Fgansuá! Llevame a pegag de nuevo la naguiz contga tu vidguio, a sentig un escalofguío pog mi cuegpo de pogcelana. Lástima que no vayas a escuchagme.

domingo, 18 de mayo de 2014

El Polonio Libertè. La libertad es fanática.

12 segundos
baila la luna
esplendorosa
brilla en los ranchos blancos
estrellas que la ciudad se come
pegadas una al lado de la otra
tocándose acariciándose
velas y fogones
esta noche no es para cualquiera
doce segundos
de oscuridad maravillosa
un segundo de luz que marca un camino

días de libertad
su gente
el calor de sus ojos
anarquía libertad
libertad o muerte
acá todos somos libres
la desnudez del mar
abrir la piel
la intimidad reposa en la arena
cuerpos almas danzantes
como las dunas con el viento
arenas finas movedizas
calientes
nubes que mueren en el sur
viajan como rayos
encallaron barcos náufragos
una puesta de sol para tus sueños
una cama en el medio de dos mares
mires donde mires se respira soledad

el espejo de la vida
y yo con mis ojos de abuela
labios nariz de abuela
toda mi cara de abuela
la descubro ahora
nadie me lo contó
vi su rostro en ese retrato
mi rostro
esos mínimos detalles en el espejo
después de un largo rato
detalles que nadie ve
la pequeña desviación del ojo
el parpado un poco cansado
el labio inferior más gordito

mi ser interior
justo después pensé en vos
en tus ojitos claros
mirándome rogándome un beso
que no que no puedo
vos tan joven…
no quiero volverme vieja
no en este instante
siento la llama de la vela del polonio en mí
el viento me vuelve a chocar con fuerza
no quiero soltar lo que vive adentro
la rebeldía
las ganas de no conformarme nunca
de no quedarme en ningún lugar
más que en esta isla vuelta cabo
pero con quién sino conmigo
los sueños son libres
me complican hoy
siempre el vaivén de las gaviotas
un instante infinito
el sol da su máxima energía
me siento viva muy viva
quiero quedarme
con quién sino conmigo

el arte y el tiempo
el arte esta acá o en ningún lado
arte este cielo
el viento el sol
arte de paz
las dunas las rocas
colores vivos
no existe el pesado reloj
ni los ritmos que impone
el tiempo es otro
liviano
lo marcan el sol y la luna
el segundo donde me sentí viva
llena de luz arte y juventud

los sueños
los sueños me siguen persiguiendo
son de mi propia esencia
desalienados
un universo paralelo
que me llama y me seduce
volvieron las pesadillas de niña
donde me ahogo en un sollozo tan real
algunos miedos persisten
mosquitos y dolor de cuerpo
sueño realidades extensas
duermo profundo

la partida
nostalgia por esos días tan polonienses
el cabo y el faro cada vez más chiquitos
lagrimitas con sabor a alegría plenitud libertad

la vuelta
en mi casa duermo una siesta
despierto con frio
estado theta y alfa
la oscuridad del faro
solos él y yo, muy altos
y el viento de la noche del polonio


domingo, 9 de marzo de 2014

Daireaux


Llegué a tu pueblo buscando un poco de vos y de mí. Me lo sugeriste esa noche que te vi tan linda y contenta, como quien se prepara para ir de visita donde hace mucho no va.

Esa ligazón con el pasado, los orígenes, linajes, la sangre que corre por mi cuerpo, bombea el corazón, tira. En un afán espiritual, pero también sociológico. Cuanto más hurgo en mi historia más entiendo quién soy. Quiénes somos. De dónde vengo, adónde voy.

Pueblo expandido con la llegada del ferrocarril, que aloja hectáreas que fueron premio de genocidas que aún hoy son enaltecidos por la toponimia y las estatuas. Tan lindos eran esos campos, que fueron elegidos.

Habrás corrido por esas callecitas de tierra cuando niña, tu primer baile, la plaza, los domingos y qué más, me faltó preguntarlo.

Pasé por tu pueblo y te pienso despidiéndote de él como tantas otras jóvenes que migran a la ciudad en busca de sueños. Habrás pasado momentos difíciles, ya me han hablado de vos como la mujer luchadora que fuiste. Imagino que la vida te supo recompensar.

Ahora entiendo más de tu sonrisa, vi otras tantas parecidas, que confirman que ni los años ni las arrugas la pueden apagar. La muerte tampoco. Sonrisa de labios gruesos. Las manías, los comentarios, los gestos. Todo eso tuyo vive dentro de mí.

Historia valores principios ideales luchas pueblo guerras revoluciones judíos cristianos. España, Argentina y Rusia. Sudamérica. Latinoamericana. Bisnieta de inmigrantes. Soy esta mezcla que no ven, que no entienden, mientras me quieran encasillar.

Llegué a tu pueblo buscando un poco de vos y de mí,
y nos encontré.

domingo, 19 de enero de 2014

Poesía de aire

y si esta roca no soy muro bloqueado rio seco ni dulce ni salado no soy este cuerpo desalmado corazón que no late pecho estrecho reloj sin tiempo angustia hecha nudo demasiadas
preguntas
respiro
por
el
cauce
de
lágrimas
hundiendo
la
cara
en
un
agujero
de
sollozo
tres
insomnios
esperan
una
tormenta
de
palabras
             y en el medio la cama
                    y en un costado estás vos
dónde estoy yo
soñando
que
sueño
garabateando
lo que ya no escribo
buscando esa poesía que abre el pecho y deja pasar el aire

lunes, 22 de julio de 2013

veintiocho

22 de Julio, "La otra Luna"


Los astronautas no fueron los primeros en llegar. 
Mil ochocientos años antes, Luciano de Samosata había visitado la luna.

Nadie lo vio, nadie lo creyó; pero en lengua griega, él lo escribió.

Allá por el año 150, Luciano y sus marineros se echaron a navegar desde las columnas de Hércules, que estaban donde ahora está el estrecho de Gibraltar, y una tormenta atrapó la nave y los subió al cielo y los arrojó a la luna.

En la luna, nadie moría. Los viejos muy viejos se disolvían en el aire. Los luneros comían humo y transpiraban leche. Los ricos vestían ropas de cristal; los pobres, ropa ninguna. Los ricos tenían muchos ojos y los pobres, uno o ninguno.

Los luneros veían, en un espejo, todo lo que los terrestres hacían. Mientras duró la visita, Luciano y sus marineros recibieron, día tras día, las noticias de Atenas. 

Eduardo Galeano, "Los hijos de los días".



¿serán mis piernas las mismas?
se lanzaron una vez a andar
secas y marrones
tantos caminos
formas de caminar
en invierno las olvido
tiesas y fuertes
siguen saliendo a buscar
a escapar
tardes de abismos
trote galope corrida
tienen refugio
donde parar

me han llevado a sus brazos
la creadora
prolijas o torcidas
fueron a su par
la sospecha del diván
las riñas tienen sentido
el miedo ha sido tan grande
miedo de hoy

rituales para asimilar
cuándo se podrán acercar
almas distantes
se han ido, nunca se fueron
todo perdura adentro
vibrándome

un deseo al tiempo
no dejes nada que no dependa de mí

domingo, 2 de junio de 2013

La banda de los calefones

Era una noche entre todas las de mi casa de Artigas. Mi hermano chiquito y yo ocho años. En mi cabeza, ladrones, cerraduras y ventanas vulnerables. Unos ladrones sueltos: la banda de los calefones. De repente, pasos firmes. Un hombre alto, con campera y pantalones de cuero. Una rejilla en la boca. Sus manos al calor del calefón. Por el calor fuerzas y poderes especiales, como otra apariencia frente a las víctimas. Mi familia en peligro. Los asesinos de antes estrategas. Pero ese día no.  
A la mañana siguiente, mi tío Manuel abajo en la puerta. Mi mamá zapatos de taco rojos, mi papá la corbata de seda más fina, mi hermano un gorrito de lana nuevo y yo un moño grande y fucsia en la cabeza. Manuel muy extraño, él siempre muy clásico con su ropa, y sin embargo, ese día una campera de cuero. El tío un abrazo fuerte a cada uno, un lugar donde nunca. Su auto blanco, mi papá adelante y los demás atrás. Manuel y sus sonrisas. A lo lejos un puente. Al costado del auto una hornalla y sus manos al calor. Mis papás como si nada, yo con los ojos redondos. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Obturador

callar o morir
gritar o morir
el sueño está en tu arte
cuando no duerme de miedo
espera resurrección de sombras
el roce de la película sensible 

correr o callar
volver o gritar
diafragma con nudo
tiempo anacrónico de oscuridad
tu costado de luz
es mi costado de flores 

jueves, 29 de noviembre de 2012


por fin empezaste a pedalear
ruedas mágicas
con los ojos y el pecho bien abiertos
sentiste el viento enérgico en la cara
te abrazó el cuerpo
atravesaste  brisas que hacen piruetas

levantá vuelo
volvé a tu cielo de colores
ya lo alcanzás
abrazalo fuerte, no lo sueltes
es vida, energía, alma
vos que siempre anduviste con los pies despegados
liviana, flotando en mundos paralelos

bicicleta voladora
de plastilina
dominguera y liviana
como levitar en la madrugada
en el frio del invierno
un globo aerostático
lleno de gas comprimido
a punto de explotar

tu acto creativo es para vos
sos para él

domingo, 22 de julio de 2012

amor rojo

la peor vejez es sentirse sólo y triste pasar un cumpleaños sin un abrazo el tic tac del reloj que retumba en el silencio de la habitación y del living y de la cocina tac tic tac la mugre del sócalo las plantas muertas comida vencida en la heladera De qué hablás sentidos música poesía el vacío esa es la mugre del sócalo y la pudrición de las plantas y la comida                el dolor ajeno propio de todos el frio del alma que desatornilla las articulaciones espíritu durmiente constelación nube bagatela brisa la no-materia que vive por encima de tu cabeza lejos del martillo que te aplasta de los muñequitos vestidos de traje que te oprimen a un centímetro de distancia de los nudos tejidos enriedos como tu pelo fino y enmarañado tan cerca como para transformarlo todo en un sueño ligero y otro y otro más una estrella fugaz una palabra suave la imaginación de alto vuelo             el suelo mediocre un cielo inalcanzable la altura de tu ego egoísmo ambición pero de la buena no es digno gritar que te quieran magia en el aire cosquillas en la panza obnubilación anhelo ideal revolución el sueño eterno de la revolución de amor constante no líneal alborotada renovadora como escoba que barre bien divertimento en el patio música al amanecer el corazón la bandera de la batalla               un papelito en mi bolsillo te amo sin rulo ni acotaciones                  los días son una repetición, transformación de la materia y el pensamiento, la normalidad, la corriente, el caudal de la vida cotidiana, podría ser la verdadera interna revolución, Acaso buscás siempre buscar, permanecer es trascender lo normal, un corte transversal a la rutina, hay tiempo mientras haya vida, y nada más, ni menos, esta cuenta regresiva no tuvo sentido, de mientras seguimos perdiendo algo, al lado del camino mientras todo pasa, dormir tomados de la mano, soñando con vos, una mirada transparente, confianzuda, una media sonrisa con labios claros, No será eso te amo, la sangre que expulsás es el amor más rojo, rebelde, y también el que crecerá en tu vientre, todo vive dentro tuyo, lo que desborda queda flotando por fuera, abrazarlo suave para que no se pierda, amor rojo, intenso y clásico, No será frívolo el rojo exuberante