
Pobre Anastasia, se sentía tan fea a veces. Pobre, siempre esperando. Anastasia era la princesa de los nadies, de los que caminaban distraídos. Anastasia. Pobre.
Como una ilusa, se ilusionaba cada vez que una estrella fugaz cruzaba el cielo (y más seguido también). Lloraba por cada imagen archivada, por cada momentito que ya no iba a volver.
Nunca pudo dejar de preocuparse por sus despreocupados.
Anastasia… igualita a un espantapájaros. Pero sabía a frutillas (con jugo de naranjas).
Pobre… Aunque en verdad, no siempre fue tan ingenua. Ella supo lastimar también, de tantas ganas de vivir, de tanto miedo de quedarse sin tiempo.
Juega a ser la celestina, la fabrica de sonrisas, la mejor consejera.
Imagina los castillos que no le sientan. Sueña con sus príncipes de colores. Piensa en otras vidas.
Un día se fue a un parque de diversiones que siempre extrañó. Y no volvió más. Pobre la pobre de Anastasia.
Como una ilusa, se ilusionaba cada vez que una estrella fugaz cruzaba el cielo (y más seguido también). Lloraba por cada imagen archivada, por cada momentito que ya no iba a volver.
Nunca pudo dejar de preocuparse por sus despreocupados.
Anastasia… igualita a un espantapájaros. Pero sabía a frutillas (con jugo de naranjas).
Pobre… Aunque en verdad, no siempre fue tan ingenua. Ella supo lastimar también, de tantas ganas de vivir, de tanto miedo de quedarse sin tiempo.
Juega a ser la celestina, la fabrica de sonrisas, la mejor consejera.
Imagina los castillos que no le sientan. Sueña con sus príncipes de colores. Piensa en otras vidas.
Un día se fue a un parque de diversiones que siempre extrañó. Y no volvió más. Pobre la pobre de Anastasia.