
“Yo te saqué un día de allí y me encadené.
Te obedecí hasta donde pude mi genio amor.
Te obedecí hasta donde pude mi genio amor.
Me pude apartar de tu corazón en otro crimen más
y me alejé de tu seducción y tu dulce voz.”
“Mi genio amor”, Carlos Solari.
(“Nunca subestimes el poder de la negación.” Pintándome el cuerpo para distraerme, como si desde tu cuarto no se oyera mi lágrima.)
Ahora rotas las cadenas, exorcizados los demonios, ahora desentramado el tejido, no van a tumbarme. No van a aplastarme, ni opacarme. El dolor se travistió en un nuevo color, un nuevo matiz.
(Sólo azúcar para la vida. Nada de amargos, ni edulcorantes de dulzura metálica y ficticia.)
Ahora soy vida y fuerza. Soy quien me dará vuelta la cara, cada vez que mire atrás. Quien va a levantarme, renovarme. Soy quien fui desde pequeña, más socializada. Soy por quien volveré a sonreír, a brillar. Soy los empujones para no atascarme. Soy quien lamerá mis heridas. Soy la semilla de mi florecer.
(“Y allí en sus brazos ella se convirtió en otra persona. En alguien más como ella misma.”)