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jueves, 4 de enero de 2018

abrir el pecho musical

vuelvo a las letras
al rock oscuro
un puño que reconozco
en su tornasol
una guitarra con sabor a lágrimas
laberinto con las curvas de mis ideas
buscando algún canal de transmisión
hacia lo profundo
de nuestro arte melancólico
vagabundo y sin dueño
el destino trunco
de los incansables
cambiarse el nombre un rato
ser desconocidos
borrar las historias
publicaciones
conservar el perfil
qué me amarra a este sentimiento
de nostalgia y perdición
de sueños de juventud
desesperada
en tu reflejo me encuentro
me siento libre buscándome
suena una cajita musical
cada vez que me abro el pecho y hurgo

miércoles, 27 de diciembre de 2017

religión

adentrarse en la ficción
perderse en la literatura
deglutir páginas
devorar la pantalla
fanatismo por lo surreal
una devota de la fantasía
creyente de todas las historias
ofrenda a lo imposible
escapar por la costura de un libro
y no volver más.

martes, 21 de noviembre de 2017

Railay

Quisiera estar allí, donde el tiempo se abstiene en lo hermoso del sol cayendo en el mar. Lejos, donde lo absurdo del destino no nos encuentra. Juntos, soñando un horizonte infinito en las narices. Atardeciendo un cielo imposible, abarcando toda la naturaleza a nuestro favor.

Florecer

Hay que buscar el rincón, cambiar la tierra, incluso hasta encontrar sombra cuando el sol queme. Hay que arrancarse las malezas, las hojas secas, incluso hasta las hormigas. Hay que ahogarse en lluvias intensas, resistir tormentas, incluso hasta marchitarse. Hay que ser paciente, no se sabe cuánto llevará. Para florecer.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

quizás tenga que sentarme a escribir
desde lo profundo
el vacío
una narración del cuerpo
entretejida con los sueños
creo que tengo que escribir, sí
hasta de la fe
la fe y la creencias en mi propio dios
contar desde la tristeza
la eterna reflexión sobre el tiempo
las trampas del tiempo
mirando desde la ventana
la cronología de una psiquis
susana contra el patriarcado
nuevas personajas
coexisten
todas hoy lloramos
debería sentarme a escribir
sobre el desconsuelo
la desilusión
también sobre la esperanza
no una esperanza mediocre
las esperanzas de las utópicas
son múltiples
poderosas y brillantes

miércoles, 19 de julio de 2017

lo minúsculo

te extraño en el plato de comida,
el sazón de las especias
un ingrediente caro para darse un gustito
la abundancia sin desperdicio
en la sopa caliente con queso y pan
la olla humeante, desprendiendo aromas por el pasillo
en la charla de los comensales
en el muchas gracias, ¿un poquito más?
te extraño ahí en lo minúsculo de la educación.

sábado, 20 de mayo de 2017

sunset

el agua es su elemento
epite como un mantra debajo del agua tibia y cristalina 
los peces llevan todos los colores de su aura
ya no se mira las manos, son parte del medio
el sol le inyecta energía y el viento sensibilidad hacia todo lo que la rodea
al atardecer una pena dulce le recorre el pecho 
se pregunta por sus nombres
quién es
piensa en el concepto misterioso tiempo
una sensación de vacío le arquea los labios
entonces llega la noche y suenan melodías hondas 
corren brisas de imaginación 
miles de visualizaciones en un entre abrir y cerrar los ojos 
nunca creó tantos mundos como hoy

sábado, 18 de febrero de 2017

Segundo Veinte

Estoy sentada en el balcón con una pincita de depilar y la vista "que Dios te conserve" sacándole pelitos a mi abuela de la pera, estoy apoyada en la baranda mirando a Toti comer alpiste o a los autos pasar o a los vecinos caminar entre los árboles que decoran el paisaje. Estamos todos afuera porque es año nuevo y la radio ya cantó las doce, entren suplico que me dan miedo los fuegos artificiales aunque prendo una estrellita con el cuerpo bien alejado de mi mano.
Estamos sentados alrededor de la mesa larga comiendo fideos con tuco o haciendo el seder de pesaj con kneidalaj, pollo y matzá. Estoy parada frente a un cuadro con dos nenes descalzos y experimento por primera vez la sensibilidad social con apenas unos años de vida. Miro las fotos del bargueño, al lado de las copas de cristal grueso naranja, y me siento muy protagonista de la historia de esta casa.Estoy en la cocina, es el mediodía y recién vuelvo del jardín estoy con mi mamá que me compró los pin y pon en la librería de abajo. Almorzamos bifes que cocinó la aba y con el zeide mojamos el pancito, tinke le dicen. La aba y mi mamá me retan porque como como poco, hay chicos que no tienen para comer me dicen y me pongo a llorar sintiendo una gran pena adentro. Otra vez la sensibilidad social. Hoy es domingo, mi papá apoyado en los azulejos se está despidiendo de mí para ir a ver a Vélez, le pido que se quede un rato más.Estoy en el baño parada en el banco naranja para llegar a lavarme los dientes con el cepillito rosa, es que hoy me quedé a dormir. A veces me baño con el shampoo de la aba Revlon que tiene un olor muy especial.
Estoy acostada en la cama mirando la novela con mi mamá y la aba, durmiendo otra vez en el medio de mis abuelos, sintiéndome la nena más feliz y afortunada del planeta, comiendo bombones de fruta. Estoy acostada al lado de mi abuelo, está enfermo pero él siempre adelante con los faroles, está muy ilusionado porque me voy a casar. Lo abrazo y me apoyo en su pecho, le digo que lo quiero mucho y me dice yo también con la voz chistosa de siempre. Y nos quedamos un buen rato apretándonos en silencio, con la nostalgia de quien sabe que no hay para siempre, queriendo detener el tiempo y el espacio. Eso mismo que hoy se me escurre entre los dedos. Siempre supe que ser adulta dolía mucho.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Freezer

Queda poco de tu tuco y eso me hace llorar, como las frutillas. Vos vivís en los sabores que mi boca ha disfrutado tantos años. Ahí donde se mantiene la tradición, lo familiar, lo que solo se consigue en casa. Como el "tinke", el pancito que mojábamos en el bife los mediodías cuando volvía del jardín. Los aromas de tu olla eran únicos e inconfundibles. Y prepararlos también eran una manera de adorarme. Vos me decías que había aprendido bien de ustedes los cocineros, que me salía con buen sabor la comida. (También que manejaba bien aún cuando todos pensaban lo contrario) Siempre con tanta confianza en lo que hacía, creo que porque veías el esfuerzo y el amor que ponía a través de las manos. Ojalá me hubiera quedado algún beso en el freezer, algún abrazo apretado, una media sonrisa. Al menos tengo algunos secretos de tus recetas.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Las veces que lloré por mi abuelo:

En mis primeros años le escondía los cigarrillos para que no fume. Cuando le recomendaron dejarlo, lloraba si lo veía fumar.
Cuando tenía unos 10 años, un auto le rompió los ligamentos de la rodilla y lo operaron. Lloraba de verlo en la cama con un yeso.
En varias oportunidades me contó a mí o a otros mientras estaba presente la historia de cuando le apuntaron con un arma para robarle, en el billar que iba con los amigos. Todas las veces lloré de imaginarme la situación donde él estaba en peligro.
Un verano estaba en mar del plata con mis papás y mi hermano, y lo extrañé tanto hasta llorar.
Cuando tenía 15, tuvo un infarto. Lloré con la congoja más profunda y el miedo más grande de perderlo.
10 años después, otro problema del corazón. Nuevamente lo mismo.
Desde los 4 años, que falleció mi abuela, su esposa, hasta que me fui a vivir sola, a un departamento a unos metros de distancia del suyo, muchas noches me agarraron ataques de llanto y angustía, por miedo a que la vida me lo arrebate de la noche a la mañana, sin avisar.
A los 25 viajé a Israel, era la primera vez que me iba lejos. Mientras subía las escaleras de Ezeiza y mi familia se iba haciendo pequeñita agitando sus manos en forma de saludo, miraba a mi abuelo y se me caían las lágrimas. Me angustiaba pasar tiempo lejos de él.
Lloré con toda la ira, me desgarré el corazón de dolor, grité hasta quedarme afónica, pataleé, golpeé, el día que supe que estaba enfermo y ya no había nada por hacer. Y desde ahí mi corazón no pudo volver a mantener su ritmo.
Lloré con rabia todas las veces que lo decepcionaron, lo lastimaron, recibió palabras agresivas que no merecía. Aún enfermo, aún cuando ya no está. Pobrecito mi abuelo, profanan su memoria. Todavía no puede descansar en paz. Siempre te voy a honrar, te voy a defender. Como lo hice todos los días de mi vida. Porque nadie te quiere como yo y me alivia saber que lo sabías, lo sentías.
Tantas veces lloré por vos y lo seguiría haciendo, porque no cambiaría ni un día ni un sentimiento de los que vivimos juntos. Porque nada valió más la pena que disfrutar 31 años de tus abrazos, de este amor que mueve montañas, de tu aliento, tu comprensión, tus consejos. Charlas, paseos a la garita, al rosedal, regalitos comprados en el subte. Dormir en el medio de la cama entre vos y la aba. Frutillas con naranja, tuco, aceitunas, latkes de papá. Lo que sea hacías por mí. No me voy a olvidar cómo me cuidaste y te preocupaste por mí cuando volví a vivir sola, lo más lindo era sentir que no estaba sola si estabas cerca mío. Sé que te acompañé mucho en tu soledad los últimos años, que tenías una ocupación que te hacía sentir importante, era pensar en mí, traerme comida todas las noches, ser vecinos. Y lo lindo que la pasábamos cuando venías a cenar con Fede y conmigo y nos contabas tantas historias, anécdotas. Nos elegías para ser los transmisores de tu legado, de tu historia de vida.
Tantas veces lloré por mi abuelo y ahora, que es cuando más tiempo pasé sin verlo ni hablar, hay días que el dolor me apaga el alma, y sin embargo no puedo llorar y quisiera meterme en el pozo de la angustia, pero una fuerza poderosa me tracciona a la superficie. Y aunque ya sepas lo difícil que es para mí extrañarte, no puedo más que escribir y escribir infinitos renglones de amor y dolor. Y soñarte, abrazándonos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Sabrina

Sabrina: mis padres me dieron la vida y un nombre. Un nombre que carga el sentido de mi existencia en tu mundo. Suena a todo el amor que recibí en el primer instante en que llegué, que acumulé y atesoro hasta hoy. Una chapita cuando nací, una pulsera a los doce que tenían grabadas mis letras “Sabrina”, siempre fui tan resonante. Realmente me sentí importante, imprescindible, especial, única por serlo para vos. Fui sostenida cada vez que me lastimé, lloré, perdí, acompañada cada vez que logré algo, me acerqué, lo alcancé, avancé. Mi nombre habitó diversos espacios y casas, hasta que llegó a tu mismo piso, ganó muchos adjetivos que lo acompañen. Nadie que no tenga mi voz inconfundible, cuando los ojos no me distinguen, lo puede utilizar. "No sabés el orgullo y alegría que sentí cuando escuché por el micrófono 'Licenciada Sabrina'". No permitís hablar mal de mi nombre, nadie me puede hacer mal ¿Quién será Sabrina ahora? ¿Me faltará alguna letra? ¿Me volveré un ser diminuto e insignificante, invisible? Ya estoy extrañando ser nombrada por la voz gruesa e imponente, los abrazos apoyada en ese pecho fuerte y contenedor. Mi nombre lleva un pedazo de tu alma, nuestro lazo de sangre y amor es eterno.

viernes, 21 de octubre de 2016

Hoy, dame un beso. Se sabe entonces que también un abrazo fuerte aunque flaco aunque débil nos abrazamos con todos los brazos que encontramos y la cara y el pecho y los miedos. Siempre el idioma de los abrazos, nadie nos entiende mejor. Y la lima del tiempo que nos muerde, la pateamos.

Todos los brazos

Hoy, dame un beso. Se sabe entonces que también un abrazo fuerte aunque flaco aunque débil nos abrazamos con todos los brazos que encontramos y la cara y el pecho y los miedos. Siempre el idioma de los abrazos, nadie nos entiende mejor. Y la lima del tiempo que nos muerde, la pateamos.

domingo, 25 de septiembre de 2016

notas

qué aflora 
en la explosión de mi carne
por la rotura del pantalón
se intenta contener
aún arde
y tus ojos desorbitados
hunden la piel
estacas prendidas fuego
recuerdos huracanados
te arremolinan el pelo
dame la tijera
para recortar 
las atmósferas cerebrales que te alojan
quién voy a ser cuando tu boca selle mi nombre

viernes, 26 de agosto de 2016

carta pesta

como un rayo los años
un soplo profundo la vida
papelitos en blocks
anotaciones no te olvides
garabatos en el aparador
mensajitos te amo
apuntes de una teoría que te partió la cabeza
las décadas en cajas

lunes, 25 de julio de 2016

Vitrinas de tiempo (El futuro llegó hace rato)

El futuro es una nube amorfa de color nítido, va tomando diferentes figuras. De vez en cuando quiero encajarla en los moldes de los legados, se me escurre entre los dedos. Como las utopías camino un paso, se aleja dos, inalcanzable. Mi caminante interior tiene un ritmo confuso y desordenado cuando se aparta del camino. Va por la calles visualizando las puertas que albergarán los sueños, las ventanas por donde desplegarlos. Consigna, visualizar hasta que se hagan realidad.

A veces el futuro toma forma de bola de nieve, se aparece con impulso para arrasar, te pisa los talones, espera al acecho después de dormir. Me gusta creer en la permanencia de los sabores, los colores, las almas, los abrazos. Por momentos quisiera conservar las vidas en una vitrina donde el tiempo no pase, que no se llenen de polvo. El presente muere para ser pasado, ¿será eterno el futuro? Vuelvo a pensar en las mariposas, metáforas de transformación, volando a morir al río. Entonces el futuro es dinámico y libre, posible de garabatear. Algo me late, ¿cómo no sentirme así? El futuro es cruzar el umbral de otra década con el puño en alto y el corazón nuevo/ de siempre.

Los 5 elementos de Iguazú

(A mi abuelo, ser a quien amo con toda la fuerza del universo)
Caudales de agua sonando estrepitosamente, con furia enérgica. Caen por los saltos de manera abrupta y se renuevan con más agua del río. El río tiene un curso cierto aunque es distinto cada día. El agua es purificación, renovación de la energía. Golpea la cara con el ímpetu de quien tiene el alma explotando de luz. Frescura.
El aire húmedo se cuela apenas entre la selva. Pasa denso entre las ramas y las hojas. Vuelan las aves con inmesa libertad. Tucanes, guacamayos, colibríes y jilgueros (los que a vos te gustan) que cantan armoniosamente. Los vencejos se lanzan a toda velocidad hacia las cataratas, se los ve como si se tiraran a un pozo, y es sólo una búsqueda de refugio. Las mariposas cautivadoras por el misterio de su belleza efímera, son metáforas de transformación. (También me has hablado de ellas por estos días.)
Aquí todo está vivo, encendido. El sol es el fuego que arde en la piel, que proyecta los arco iris donde desembocan las aguas.
La tierra de los pies descalzos y cansados. Colorada y caliente, hierve. Nos acobijó para el descanso. Nos trasladó.
En este viaje me quedo una vez más con el agua y el aire. La naturaleza me mostró su maravillosa inmensidad, lo sobrepoderoso. Lo abrupto de la vida. Los ríos que saltan y siguen su curso, nadie los puede frenar. No se puede empujar al río. En el aire quedan volando los pájaros y las mariposas libres. Y ahí espero encontrarnos siempre.

sábado, 28 de mayo de 2016

retumban los bombos legüeros
no me dejan dormir
Tum-tum
los gauchos zapatean
antes de morder la fruta
Tum-tum
pendo de un hilo
soy cúmulo de tiempo
sostenido en el aire
soy quietud blanda y oscura
no ahondo en mis mundos
silencio
creo escuchar el gemido
apago la irrealidad
¿silencio?

viernes, 22 de enero de 2016

el repique del jilguero

dos nenes sostienen una jaula entre las manos
revolean al jilguero, mientras corren en la calle artigas
un señor toma maté con su esposa
se afeita como corresponde y sale a la calle
chicos, van a matar al pichón, esa no es manera de jugar
se lo regalan al señor que les habla con voz fuerte y gruesa
no sabían cuán valioso era el pajarito

una jaula de madera en el balcón
la nieta muy pequeña del señor, lo mira con asombro
observa el amarillo, gris y verde
conoce lo que es una mascota
está aprendiendo a hablar, “toti” lo llama 

el mejor repique es por las mañanas
un canto sostenido que despierta al barrio
canta como un loco, dice el señor con media sonrisa
un vendedor de coca-cola se lo quiere comprar
un aficionado a los pájaros lo quiere trocar por una camioneta
todas las tardes el señor y la nieta le dan juntos de comer alpiste
toti no se vende, toti no se cambia 

muchos años de notas agudas y pitadas para el final
caricias con el dedo índice, horas de contemplación
charlas sobre pájaros y perros

la nena tiene nueve años
se va de vacaciones a mar del plata
el tiempo separada de su abuelo ya es mucho
quiere volver
se abrazan y se cuentan las novedades
pasó algo en este tiempo lejos, toti se voló

los días siguientes lo busca entre los gorriones que bajan a la puerta del edificio
mira por el balcón cada pájaro posado en el árbol, a ver cuál puede ser

-- 

algo después comprendí el vuelo del jilguero
¿cuál es la metáfora de hoy para el vuelo que se acerca,
para la vida que se escapa?
¿si yo también pudiera volar, adónde iría?
¿si aún fuera esa niña
y alguien me dijera que mi abuelo se está por ir a volar, qué haría?
le daría todo el aire que tengo
aprisionado en el pecho
anudado en la garganta
cada uno de mis huesitos
que no me deje

lunes, 28 de diciembre de 2015

ese abrazo
sólido
de brazos fuertes
energía
anacrónico
del pecho inflado
este abrazo hoy:
aire respiro
fuerza transmito

miércoles, 12 de agosto de 2015

un mundo para mí

si no me pega el sol en la cara
el viento no me despeina la piel
si no tienen color mis labios gruesos
el cielo no dibuja amanecer
si siento ardor en el pecho
los pies amenazan volar
si de escalofríos son los brazos
y las manos tejen esperanzas
si cada día espero más del tiempo
si no queda alguna hora para mí
si canciones no suenan dentro
si el sol cae
purpura naranja y amarillo
un abrazo apretado
un beso que dure y otro más
algún te quiero siempre
si no, la tristeza
si no, la oscuridad
si no, me pierdo
sin viento en el sol
labios en la piel
sin amanecer en el pecho
pies de esperanzas
sin tiempo purpura naranja y amarillo
sin un apretado que dure
sin otro algún siempre
no hay mundo para mí

martes, 11 de agosto de 2015

escupen dolores hablan

días de letargo
en el sillón agonizás
por la alfombra te arrastran penas
cortinas de lluvia en la ventana
van lavándote el corazón
muy lento
herida limpiarla quieren
sutura no hay
boca por la escupe
tu ciclo sangra dolor
vientre en el anudado
fue vacío
ilusión
devorador cruje ahora
el dolor dice:
te quise de la manera más tierna
te quiero
tocaste lo más dulce de mi pecho
mi alma
aplastada por tus pies de gigante
la estrujaste entre tus manos suaves
mendigando contención
brazos de la madre que no soy
aún te veo ese brillo opaco en los ojos
me conmueve hasta reír
llorar
hasta derretir el cuerpo
por no poder tocarte
no querer tocarte
si apoyara un dedo en vos
quemaría hasta enllagar
respirar tu aire me intoxica
tus emociones me sacuden
hasta vomitar
todo por no poder darme
una pizca
de vos
de amor
¿qué es lo que vi dentro tuyo?
¿qué me hiciste, corazón?


sábado, 1 de agosto de 2015

parir el tiempo

acuno a un bebé sin padre
no recuerdo cuándo
salió de mi vientre
debo cuidarlo
lindo y redondito
suave
vamos de aquí para allá
que no se pierda
ahora es un objeto
cabe en una mano
dónde está mi bebé
que se transforme
rostros en otros cuerpos
voces en otros nombres
hago fuerza para despertar
estoy acá
haciendo trizas el futuro que perseguí
seguiría intentando
si quedara más tiempo
para perder
debo seguir arruinando
lo que encuentro
quedan domingos podridos
voy a parir mil libros
nadie me va a ahorrar estas lágrimas
a evitar esta muerte

martes, 14 de julio de 2015

muy tarde, mi amor

caíste tarde
en el pijama de día
pozo de domingo
insomnio feroz,
en la tostada quemada
leche vencida
                polillas en conserva;
tarde caíste
en el barro del olvido
ojeras de rimel hipoalergénico
                persiana rota oscuridad,
en el scroll de facebook
retazos de hombres
ilusión nunca más.

martes, 16 de junio de 2015

yéndome por las ramas

vos me hablás
y yo me voy 
por las ramas de tu cara
bonita
de un tiempo atrás
cuando la vida
se asomaba por la ventana
del mundo
que pisaría después

las ramas nacen en tus ojos
lanzan misiles dulces
palabras los van a aplacar
la boca encendida
labios rojo fuego

las ramas de tu cara     
dibujan dolor
            nunca nadie se salvó
vasta profundidad
bordes de ternura
veo en sus bifurcaciones
sueños de juventud

viernes, 12 de junio de 2015

revolución en los corazones

tengo el corazón tomado
un pájaro de colores vive dentro de él
a veces intento dejarlo libre
el pájaro se quiere quedar ahí

tengo el corazón tomado
un pájaro revolotea incesante
impidiéndole  actuar
sin espacio para ningún colibrí

tengo  el corazón cerrado 
no sé cuándo lo voy a poder abrir
prefiero dormirme
escuchando el canturreo del pájaro
sólo para mí

miércoles, 10 de junio de 2015

daga
lanza
soga
noche
camisón

martes, 9 de junio de 2015

daga clavada en la garganta
lanza atravesando el pecho
soga amarrando los pies
noche que duele
hasta el camisón

viernes, 5 de junio de 2015

1990

veinticinco veces
pensé especialmente
en
el último abrazo
pullover marrón
tu visita de despedida
suena el timbre, una noticia
la abuelita
nunca más te voy a ver
dejemos a la nena con alguién
mamá, tu dolor es mi dolor
veinticinco años
preguntándome
¿cómo sería estés acá?
¿qué
colores las mañanas
sabores en la cocina?
¿cuántos
besos los martes
consejos con amor?
qué alegría
el abuelo no se levanta sólo hoy
Qué es el amor, 
si no esta daga clavada en la garganta, 
lanza atravesando el pecho, 
soga amarrando los pies.
Qué es el amor, 
si no esta noche que duele
hasta el camisón.

miércoles, 27 de mayo de 2015

JJJ, estación San Martín

A mi hermano Kevin, y la complicidad que nos une.


Una noche lo descubrimos, él nunca lo notó. JJJ, el gran personaje mítico de La Paternal. Atónitos, marcamos sus iniciales en una baldosa, para dar comienzo a la leyenda urbana.
Todas las noches de invierno pasadas la 1 a.m. Juan José Julata, un hombre flaco de nariz respingada, se viste con ropa dentrecasa: un sweater Pierre Cardin beige comido por las polillas, un pantalón de vestir gris por arriba de los tobillos y pantuflas forradas con simil corderito, con un agujero en el dedo gordo derecho. Camina hasta la alacena vieja, donde posan tres telarañas y dos cucarachas muertas y, en la única copa que tiene, color verde musgo, se sirve el champagne preferido de su abuelo. Es blancuzco y tiene gusto agrio, pero no le parece refinado andar mirando la fecha de vencimiento de las bebidas. Justo cuando el viento sopla más fuerte, sostiene la copa en una mano, apoyando apenas dos dedos y levantando el meñique, y se dirige hasta la puerta. Abre la cerradura siempre medio trabada, medio por dejarlo adentro, saca un pie al umbral, huele el champagne inspirando hondo, exhala, saca el otro pie, estira el brazo libre mirando al cielo, cierra los ojos y canta una estrofa de un tango. Después de la última silaba, con la frente en alto, cruza la avenida J. B. Justo en línea recta a su puerta, esquivando autos, porque no le parece de buena educación cruzar por la senda peatonal, ni mucho menos prestar atención a los semáforos. Levanta alto la pierna, con esfuerzo, a pesar de sus jóvenes 35 años, para subir a la plataforma del metrobus. Se sienta al final, en el banco debajo del Martín que está junto al San indicando la estación. Y recién ahí saborea el champagne de la copa, contemplando su puerta y los pocos colectivos que pasan por esas horas de la madrugada. Es el paisaje más encantador del día, sobre todo cuando la lluvia moja el asfalto y ve el peor reflejo de la rutina. Cada tanto pierde la mirada, y del suelo salen formas tridimensionales. Entonces, ve pasar un tranvía por el carril exclusivo, con los animales del arca de Noé, después un tren fantasma a toda velocidad que le vuela el flequillo, y por último un carruaje de 1810 con una novia vestida de negro y una peineta en el rodete. Sonríe con la mitad de su boca, dejando asomar los dientes oscuros, tiñendo de nostalgia su semblante, y se levanta con fiaca pero satisfecho, pensando en las tostadas. En la copa queda un fondito de líquido blancuzco con el que rociará los cactus apoyados en la ventana, no tiene balcón ni terraza, sólo un banco en la estación donde sentarse a que el frio le cale los talones que las pantuflas no llegan a cubrir. Baja de la plataforma de la estación, cruza esquivando los autos, abre la cerradura medio trabada, medio por dejarlo afuera, y se mete rápido en su casa, como para que nadie lo vea, ni descubra sus hábitos.
Desde aquella vez que lo conocimos, cada madrugada volvemos a espiarlo a través de los vidrios de Torino, llevamos binoculares, para observar los detalles de sus movimientos. Cuando se va, jugamos a imitar su manera de caminar, sus gestos. Nos sentamos en el mismo lugar, cerramos y abrimos grandes los ojos, hasta que nos irrumpen las carcajadas por sentirnos tan ridículos, de estar con los ojos como cuatro platos y aun así no lograr ver nada fuera de lo común. Apenas pasa la risa, se nos pone la piel de gallina, nos da un poquito de miedo y nos miramos seriamente. Entonces, volvemos a hacer la promesa de guardar para siempre el secreto de quién es en verdad JJJ, o quién ha sido.


miércoles, 13 de mayo de 2015

ocaso para locos

la belleza del mundo
la vida
a través de un cristal
el marco de tus lentes
el sol efecto invernadero
quemando la punta
del pétalo de la margarita
calor en el pecho
jardín abierto
correr a mansalva
campo verde dinamitado
de amor
pasto esponjoso
reposa tu vientre
arrancaste las malezas
espinas de adiós
una mariposa de papel
inquieta las mentes pulcras
a lo lejos el faro
señalizando  la vida
que no encallen los sueños
rompan en la orilla
la espuma del mar
memoria brillante
una infancia en colores
bailando resistió la correntada
ocaso para locos
en la tangente de la imaginación
ven en sombras
la mejor cara de la luna

jueves, 26 de marzo de 2015

desintegro

la casa donde vivo se desplomó
destrozando el corazón
cuerpo nudo se desata
cráneo en mil pedazos
manos desarmadas del tiempo
ojos miran para adentro
y el alma se enciende de luz

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

soy un paisaje eterno
bailando con el sol
nacen colores de la tierra
brotan árboles de la piel
y en un columpio de madera
vuela mi libertad
al compás del viento

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Cuánto tiempo tarda en caer sobre el mantel el pétalo marchito de una flor?

El pelo negro y carré, un mechón blanco que corta con el azabache bordea la frente y se lo acomoda cada tanto con los dedos. Nunca fue a la peluquería, prefiere sus tijeretazos, algo rápido y sencillo. Y nada de tinturas. Mira el teléfono, verde militar con botones negros, mezcla de antigüedad y vanguardia. Va a marcar y esperar a que la atiendan, su hijo debe saberlo.
Todos los días Oscar llega primero a la oficina, incluso antes que su jefe cascarrabias, y compra tres facturas: una medialuna de grasa, una bola de fraile con crema pastelera y un moño de membrillo. Tiene debilidad por lo metódico, debe bajar el cordón con el pie de derecho y subirlo del otro lado con el izquierdo. Esta vez algo ha fallado en sus cálculos matinales, lo presiente por la manera en que el colectivo frena abruptamente en la parada donde desciende. Baja el cordón con el pie derecho y cruza Viamonte, esquina Suipacha, mirando su reloj, deseando no haberse pasado del minuto en el que debe pisar el cordón con el pie izquierdo.
Pedro pasa el primer rato de la mañana escuchando cómo su mamá lo reta desde la cocina, en una hora es la prueba y no estudió lo suficiente. Él prefirió jugar todas las tardes a la pelota en el pasaje de la vuelta, o cambiar figuritas con Joaquín. Además, no le gusta la Física. Su materia preferida es literatura, sobre todo cuando la seño le da para leer cuentos fantásticos, de brujas, o futuristas, o cuando lo deja que escriba un cuento con tema libre. Pedro intenta una vez más memorizar un párrafo de su manual, lo lee en voz alta, casi gritando "Los pesos de dos cuerpos que reaccionan sobre un mismo peso de un tercer cuerpo indican, por sí o multiplicados por un factor sencillo, los pesos de aquellos cuerpos que reaccionan entre sí, si es que pudieran reaccionar."
El mar en las costas del Sur está revuelto, pica con fuerza en las piedras. El sol se refleja en el agua, y las olas en los acantilados. Después de una tormenta fuerte, la orilla se llena de caracoles y conchillas que lastimarían las plantas de los pies. Pero en invierno las playas están desoladas. Quedan los grafitis en las piedras de las parejas que allí se besaron. El sonido de los pájaros combina melodías con el chasquido de las olas. Sola la naturaleza despliega sus sentidos, el sol salió hace un rato largo, no hay precisiones sobre el tiempo. El mar trae consigo una bolsa de plástico roja envuelta en algas, la deposita en la orilla y abre un misterio.
Un ramo de flores lanzado por una novia y atrapado por una joven reposa en un florero antiguo sobre la mesa. Se lo regaló su abuela, con la promesa de que lo luciera en su hogar de casada. No imaginaba la anciana, que las chicas modernas vivirían solas antes del matrimonio. Claudia adora a Marisa y sus ideas de Cenicienta, por eso aún conserva el ramo, a pesar de que el casamiento fue hace dos semanas. Yendo al baño a lavarse los dientes, pasa y ve que las flores ya están marchitas, especialmente una, que están por desprenderse sus pétalos. Piensa qué tienen en común ese ramo y ella, en la fiesta, en el instante en que salta, estira los brazos y lo atrapa. Cae sobre el mantel el pétalo marchito de una flor, y desparrama en el aire su última fragancia, una mezcla de olor a jazmín, a hoja seca, a humedad.

viernes, 20 de febrero de 2015

La casa protege al soñador

Esta noche voy a construir mi casa. Será arriba de una colina, en el medio del mar. Voy a construir una casa enorme, con muchos cuartos, rincones y espacios. Uno para mis días de ira, otro para los creativos, los espirituales, los miedosos, los pesimistas. Afuera plantaré el pasto para poder rodar en él, deslizarme hacia el mar. Mi casa tendrá muchas puertas, para que entren quienes yo quiera invitar, y ventanas para contemplar las diferentes perspectivas desde la altura. Voy a levantar paredes gruesas, fuertes, por si vienen a querer derribarlas. Voy a poner una cerradura y una llave, para que no puedas cumplir tu fantasía de romper mi casa, de quebrarme el cuerpo. Mirillas para la gente que ya no quiero mirar a los ojos, ni recibir sus miradas lacerantes. Construiré una habitación sin techo, para ver las estrellas hasta conciliar el sueño, me moje la brisa de verano, los sueños puedan salir volando, junto con mis seres imaginarios, para que el sonido del mar me haga sentir menos sola. Esta será la casa más propia de todas las que sentí mías. Pintaré las paredes y los muebles de blanco, algunos verde agua. Voy a construir también un altillo de madera, donde guardaré mis recuerdos y deseos más profundos, será el sitio de la casa donde nadie pueda acceder, como mi alma rota y desencantada.

jueves, 29 de enero de 2015

Distancias

La cama gigante, son peces que nunca se cruzaron en la inmensidad del mar. El auto más ancho que la ruta, un asiento de cada lado de la carretera, y por el medio se escapan los sueños.  Las extremidades del cuerpo larguísimas y torpes, no pueden abrazarse. Palabras balbuceantes, olvidan conjugar el verbo amar, gritos se vuelven sordos. Los pies enredados, cansados, zigzaguean sin rumbo, ya no caminan a la par. La mente una estrella fugaz, brilla fuerte y se va, a perderse en la fantasía de la eternidad.

viernes, 23 de enero de 2015

Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
(…)
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.
“Preguntas de un obrero que lee”, Bertolt Brecht.

La ciudad duerme y las luces se encienden. La noche es un nuevo mundo que se abre cada día. Letreros luminosos, bambalinas, puertas de bronce. Adoquines legendarios donde pisan las estrellas, los protagonistas, las caras visibles de las grandes obras. Señoras paquetonas de peinados con mucho spray y los pibes que buscan refugio en el arte. Colas, autos, bocinas. El obelisco de fondo completa un paisaje casi de postal, si no fuera por los mendigos que buscan la moneda para el pan. Cuando la ciudad duerme, se enciende la calle corrientes.

-          ¿Sabes qué, Laucha? A veces pienso si en vez de estar acá arriba, viste, estuviéramos ahí abajo en esas tablas de madera… todo oscuro… ¡Imaginate! ¿lo ves? ¡¿lo ves!? La gente mirándonos con los ojos así de grandes… ¡Así! ¡Mirá!
-          ¡Pará, huevón! ¡Qué me tocá’ así lo’ ojo’! dejá de decir boludece’, queré…
-          No, ¡Lauchita!, es un sueño que yo tengo siempre ¿sabés?
-          ¿Un sueño de qué? ¿De qué me habla’ vo’? 
-          ¡Un sueño, Laucha! ¿Vos nunca soñás antes de dormir? Con los ojos abiertos digo, no los sueños de cuando se duerme. Cuando volvemos y ya es de día. O acá mismo, cuando ponemos los fierros. Soñar… ¡soñar, Laucha! Soñar es…
-          A vece’ me imagino a la Ester en la ducha…
-          ¡Pero no digo eso, che! ¡Los sueños que lo hacen a uno sentirse libre!
-          Yo ahí me siento libre, porque si me pesca la Laura, ¡mamita!
-          Hay que imaginar, Laucha, vos escuchame a mí, che. Yo siento que sin ilusión no tengo nada, no quiero pensar en estar toda la vida subido a esta escalera, conectando cables, poniendo fierros…
-          Y bueno, qué queré’ vo’... ¡es lo que hay! ¡no queda tiempo de pensar!
-          ¿Pero vos pensaste alguna vez…?
-          No tengo tiempo de pensar.
-          Pensaste que acá arriba este cartel luminoso va a brillar todas las noches siguientes, harmosos. Desde los autos caros lo van a mirar, les va a sorprender, van a creer que están en la ciudad del progreso, como esas fotos que muestran de las grandes ciudades…
-          Sí, esa’ la’ vi, ¿y?
-          ¿Bueno y quién se acuerda de nosotros que laburamos toda la noche para colgarlo? ¿Quién nos juna, Laucha?
-          Nadie, Vitor.
-          ¡Y por eso!
-          ¿Por eso qué?
-          ¡Uh, Laucha! ¡Sos duro, eh! ¡Que tendríamos que ser actores nosotros dos!
-          ¿Te volviste loco, Vitor? Yo sólo puedo actuarle a la Laura cuando…
-          “Victor y el Laucha, los locos de los techos” con letras bien grandes…
-          ¡El burro adelante pa’ que no espante!
-          ¡Que harmoso, Laucha! Una comedia… con chicas pomposas, todas así bien carnosas…
-          Uhm…
-          ¡O un drama! Y hacemos llorar a las minas hasta que se les arruine todo el reboque de la cara… ¡Ahí sí que nos prestarían atención, Laucha!
-          ¿Quiene’?
-          ¡La gente, Laucha!
-          Pero ganaríamo’ do’ peso’, Vitor, sabe’ qué, la Laura…
-          ¡¿Qué importa eso?! ¡Nos buscamos una changuita más! Además los actores de la tele, se ve que se dan la gran vida…
-          Qué vivo, vo’ no va’ a poder llegar a la tele…
-          ¿Qué sabés? Igual yo hablaba de otra cosa
-          ¿De qué cosa?
-          ¡Uy, Dios!
-          Que aunque estemos acá, trabajando para el patrón, hay que desear otra cosa, hacer algo que no guste más, cumplir un sueño…
-          ¿Y para qué, si igual seguimo’ acá?
-          Porque Laucha, no entendés, si empezás por pensarlo, eso te da libertad en la capocha… Y cuanta más libertad en la capocha, ¡más libres somos como personas! ¡Ahí está lo resolví!
-          ¿Qué resolviste?
-          Lo que estuve pensando estos días
-          ¿Y qué pensaste?
-          ¡Dale, Laucha! ¡Cortala de ser tan boludo, querés! ¿No te das cuenta que así no somos libres? No podemos viajar a donde quisiéramos, pasamos toda la noche acá mientras nuestras mujeres y los pibes duermen, y cuando ellos se despiertan nosotros tenemos que dormir, y todo el esfuerzo para igual llegar con lo justo a fin de mes, nunca poder ir al cine, al teatro, a ver fútbol, todos los días uno igual al otro, ¿para qué, Laucha? Si toda la plata se la lleva él. A nosotros nos deja el cansancio, las manos cortadas, los músculos de la gamba doloridos de estar acá arriba… y siempre la angustia de sentirse un pobre más…
-          Puede ser, Vitor, puede ser que tenga’ razón, nunca lo había pensado así…
-          Vení, Lauchita, no pongas esa cara, ¡dame un abrazo!
-          Ey, salí vo’…
-          Dale, Laucha querida, que si nosotros no nos queremos laburando acá tantas horas, nos comen los de afuera, como dice el refrán… ¿cómo era?
-          No sé
-          Bueno, no importa, ¡escuchate cómo canto este tema de los Redondos que me encanta! ¡Canta conmigo, Laucha! ¡Que nos escuchen hasta abajo!
-          ¡Alta banda esa! ¡Bien ahí, Vitor!
-          Banderas en tu corazón,
yo quiero verlas!
ondeando, luzca el sol o no
Banderas rojas! Banderas negras!
de lienzo blanco en tu corazón…
Esperando allí nomás,
en el camino,
la bella señora está desencarnada.
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón… 
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas...
ticks de la revolución
implacable rocanrol
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro.