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miércoles, 16 de marzo de 2011

Cómo escapa del sueño un soñador

Hubo un día que comprendí todo
el planeta era una inmensa porquería vestida de verde y rosa
a veces intento soñar un poco menos para vivir un poco más
pero mirar más allá sin aferrarse al pasado
es difícil para alguien que camina donde yo
en la cornisa del realismo mágico, de la cordura.


Desde la inconsciencia vuelve un beso, un abrazo, una caricia suave
un hombre que me llama desde lejos, desde la mismísima oscuridad
donde los locos ríen, los amantes lloran, a la vez que adoran su eternidad
el sueño vuelve hacia mí, como una paloma mensajera a su destinatario
inconsistente mi cuerpo teje nuevamente ilusiones sin límites
estiro los brazos, abro mi corazón
mujer que olvidó su inteligencia
cuando la soledad le calaba los huesos.


jueves, 3 de marzo de 2011

Teshuvá

Como querer desandar un camino que nunca tuvo retorno, como evitar que se consuma una vela cuya mecha llegó al final. Como querer darle al pobre todos los platos que no degustó, y contemplar un paraíso que la humanidad con su mano ha devastado, como extrañar un abrazo que ya no vamos a recibir, así se siente el arrepentimiento. No hay estado de pureza que lo haga a un lado, cuando la inocencia ya fue ultrajada. Lleva la silueta de un hombre que quedó lejos, al igual que los trenes que ya no volverán a la estación. Calan hondo los recuerdos de un tiempo que el propio accionar destruyó, el intento de correr hacia atrás es tan imposible como en un sueño donde los pies no se pueden despegar del suelo. Duele una sonrisa desdibujada en el rincón de los acusados, laten las manos porque sus caricias fueron despreciadas. El pasado es un lugar oscuro, que pesa en el pecho, a la vez que se añoran sus tiempos dorados en el alma. Una contradicción constante entre lo dulce y lo amargo cobijado por dos caminantes que amaron sin fin, hasta que no hubo perdón que les alcanzara, y sus calles se tiñeron de un color negro como el odio. Y la impotencia es tan grande como la del sol cuando no puede brillar opacado por la luna, aún sabiendo que si se juntasen en un eclipse lograrían un resplandor desconocido. Como querer volar sin alas, mientras el cuerpo no puede dejar su quietud, como el deseo que está a punto de estallarle adentro, así se siente el arrepentimiento.