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viernes, 26 de septiembre de 2008

La caída de las verdades



No hay palabras, no hay sensación. No hay sueño, no hay emoción. No hay ira, no hay razón. No hay ansia, no hay canción. Sólo dolor en el vientre, y en el pecho decepción.

Caen todas las verdades a mis pies, y es desgarrador. Se desprende la ropa tendida, y no hay perchas en el cielo de hoy. Hay abrazos que protegen, pero no quitan la obsesión.

Perdimos la inocencia. Si tuve tu cariño fue sólo por accidente, fue porque el tiempo no podía planearlo diferente. Mis brazos ya no son alas en dirección al sol. No quedan fotografías que retraten la armonía.

Avasallante. Ahora contenida. Atolondrada. Ahora inerte. Impulsiva. Ahora coherente.

Las mujeres casi siempre debemos ser esos bellos cuerpos sin pasado.

lunes, 22 de septiembre de 2008

De tango y primavera


Un domingo no es un día para olvidos,
Una primavera no sirve de consuelo,
Ni una estación es excusa para rodeos.

El invierno no quiere escapar y escarcha si te toca,
En una mesa compartida no se sientan las penas,
Ni se saca un clavo sumergiéndose en otra boca.

Un nombre no se apaga, por más agua bajo el puente,

si fue escrito con fuego,
Un tango no llora si no sufre,
Ni se puede resistir un deseo.

Sin embargo,
La brisa corrompe la piel cuando imaginas,
Una mariposa no destiñe, más se inmortaliza colorida
Y una flor huele mejor cuando incrusta sus espinas.


lunes, 15 de septiembre de 2008

Sueños de la enajenación de los cuerpos

Llevo una lágrima en la punta del ojo.

La vida siempre acaba por dejarnos solos. El teléfono oxidado, los viajes en colectivo, la lectura atrasada, la sopa para el resfrío, el alcaucil luego de la cena, la vuelta del trabajo, el desayuno silencioso, la pastilla de las 22.30 hs., la espera, el ocaso del domingo, el insomnio, la rutina, esta misma escritura. Todo nos deja en soledad. Y el vacío estrafalario que me absorbe, me inunda de la materia única que me das.

Hay días en los que quiero caer. Rodar y caer. Girar y caer. Correr y caer. Saltar, caer y volar. Sin paracaídas.

Sueño que quiero ser y no puedo. No. El sueño es esto que hoy soy y ya no debo. El sueño es que hay sueños sin tiempo, sueños y no verdades, sueños sin otros cuerpos. Hay sueños embebidos de nostalgia, esos que vuelven de noche en noche, aún cuando no los esperamos. Aún cuando ya no queremos soñar tanto con esos anhelitos viejos, inverosímiles.

No quieras despertarme, en mi sueño cabemos los dos. No me sacudas, no quiero pudrirme en esta soledad – realidad. Todo lo que me robaste no va a servirte cuando no esté.

Porque nací con un alma necesitada de compañía, conquistame el cuerpo ahora enajenado. (Antes que el cóctel que preparé, con elementos exhaustivos, vaya a aniquilarme.)

Ésta es la estación en la que quiero bajarme.



miércoles, 10 de septiembre de 2008

Unión - sujeción

Sentía cómo me desprendía, cómo me soltaba de la mano a la que me mantuve sujeta más allá de realidades y circunstancias. Y a la vez que mi cuerpo te abandonaba, más se aferraba mi aura.

Es tan confuso no poder distinguir qué nos une a otros vivientes.

Cuando se acaban los pretextos, las excusas, los provechos, las conveniencias; cuando ningún tipo de necesidad nos domina… ¿Será el único instante en el que somos nosotros mismos? ¿O nos hemos vaciado de tanto perforarnos y arrancarnos? ¿Será que nos salimos tanto de los parámetros, que rompimos tantos límites, que ya nunca podremos volver a no ser quienes somos vos y yo?

Tal vez, a la hora en la que te conocí, me clave un cuchillo
en este ya cementerio de espinas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Éramos


Éramos la ansiedad.

Éramos lo inevitable.

Éramos la esperanza.

Éramos los apurados.

Éramos la comodidad.

Éramos la coincidencia.

Éramos el silencio convenido.

Éramos noches y mañanas musicales.

Éramos la desesperación por la felicidad.

Éramos nuestro roto para nuestro descocido.

Éramos corazones averiados deseando repararse.

Éramos quienes nos abrazábamos para dormir mejor.

Éramos los que no queríamos vernos en brazos ajenos.

Éramos quienes disfrutábamos de escuchar tu guitarra.

Éramos los mismos tropezones con las mismas piedras.

Éramos la constancia a pesar del viento y del tiempo.

Éramos el buen momento al sonar Los Redondos.

Éramos quienes siempre volvíamos a buscarnos.

Éramos quienes los comunes no entendían.

Éramos compatibles entre los inusuales.

Éramos lo que con otros no seremos.

Éramos los escapistas de la soledad.

Éramos una película como excusa.

Éramos los eternos inconclusos.

Éramos el cariño inevitable.

Éramos el vicio adictivo.

Éramos irremplazables.

Éramos tan conocidos.

Éramos los soñadores.

Éramos un espejismo.

Éramos la ocurrencia.

Éramos la confianza.

Éramos el capricho.

Éramos los bellos.

Éramos el delirio.

Éramos el deseo.

Éramos el arte.

Nos conocimos

En un barsucho

Un año atrás,

Un día como

Hoy, y todo

Eso fuimos.

Todo eso

Éramos.