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lunes, 25 de julio de 2016

Vitrinas de tiempo (El futuro llegó hace rato)

El futuro es una nube amorfa de color nítido, va tomando diferentes figuras. De vez en cuando quiero encajarla en los moldes de los legados, se me escurre entre los dedos. Como las utopías camino un paso, se aleja dos, inalcanzable. Mi caminante interior tiene un ritmo confuso y desordenado cuando se aparta del camino. Va por la calles visualizando las puertas que albergarán los sueños, las ventanas por donde desplegarlos. Consigna, visualizar hasta que se hagan realidad.

A veces el futuro toma forma de bola de nieve, se aparece con impulso para arrasar, te pisa los talones, espera al acecho después de dormir. Me gusta creer en la permanencia de los sabores, los colores, las almas, los abrazos. Por momentos quisiera conservar las vidas en una vitrina donde el tiempo no pase, que no se llenen de polvo. El presente muere para ser pasado, ¿será eterno el futuro? Vuelvo a pensar en las mariposas, metáforas de transformación, volando a morir al río. Entonces el futuro es dinámico y libre, posible de garabatear. Algo me late, ¿cómo no sentirme así? El futuro es cruzar el umbral de otra década con el puño en alto y el corazón nuevo/ de siempre.

Los 5 elementos de Iguazú

(A mi abuelo, ser a quien amo con toda la fuerza del universo)
Caudales de agua sonando estrepitosamente, con furia enérgica. Caen por los saltos de manera abrupta y se renuevan con más agua del río. El río tiene un curso cierto aunque es distinto cada día. El agua es purificación, renovación de la energía. Golpea la cara con el ímpetu de quien tiene el alma explotando de luz. Frescura.
El aire húmedo se cuela apenas entre la selva. Pasa denso entre las ramas y las hojas. Vuelan las aves con inmesa libertad. Tucanes, guacamayos, colibríes y jilgueros (los que a vos te gustan) que cantan armoniosamente. Los vencejos se lanzan a toda velocidad hacia las cataratas, se los ve como si se tiraran a un pozo, y es sólo una búsqueda de refugio. Las mariposas cautivadoras por el misterio de su belleza efímera, son metáforas de transformación. (También me has hablado de ellas por estos días.)
Aquí todo está vivo, encendido. El sol es el fuego que arde en la piel, que proyecta los arco iris donde desembocan las aguas.
La tierra de los pies descalzos y cansados. Colorada y caliente, hierve. Nos acobijó para el descanso. Nos trasladó.
En este viaje me quedo una vez más con el agua y el aire. La naturaleza me mostró su maravillosa inmensidad, lo sobrepoderoso. Lo abrupto de la vida. Los ríos que saltan y siguen su curso, nadie los puede frenar. No se puede empujar al río. En el aire quedan volando los pájaros y las mariposas libres. Y ahí espero encontrarnos siempre.