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domingo, 25 de diciembre de 2016

Las veces que lloré por mi abuelo:

En mis primeros años le escondía los cigarrillos para que no fume. Cuando le recomendaron dejarlo, lloraba si lo veía fumar.
Cuando tenía unos 10 años, un auto le rompió los ligamentos de la rodilla y lo operaron. Lloraba de verlo en la cama con un yeso.
En varias oportunidades me contó a mí o a otros mientras estaba presente la historia de cuando le apuntaron con un arma para robarle, en el billar que iba con los amigos. Todas las veces lloré de imaginarme la situación donde él estaba en peligro.
Un verano estaba en mar del plata con mis papás y mi hermano, y lo extrañé tanto hasta llorar.
Cuando tenía 15, tuvo un infarto. Lloré con la congoja más profunda y el miedo más grande de perderlo.
10 años después, otro problema del corazón. Nuevamente lo mismo.
Desde los 4 años, que falleció mi abuela, su esposa, hasta que me fui a vivir sola, a un departamento a unos metros de distancia del suyo, muchas noches me agarraron ataques de llanto y angustía, por miedo a que la vida me lo arrebate de la noche a la mañana, sin avisar.
A los 25 viajé a Israel, era la primera vez que me iba lejos. Mientras subía las escaleras de Ezeiza y mi familia se iba haciendo pequeñita agitando sus manos en forma de saludo, miraba a mi abuelo y se me caían las lágrimas. Me angustiaba pasar tiempo lejos de él.
Lloré con toda la ira, me desgarré el corazón de dolor, grité hasta quedarme afónica, pataleé, golpeé, el día que supe que estaba enfermo y ya no había nada por hacer. Y desde ahí mi corazón no pudo volver a mantener su ritmo.
Lloré con rabia todas las veces que lo decepcionaron, lo lastimaron, recibió palabras agresivas que no merecía. Aún enfermo, aún cuando ya no está. Pobrecito mi abuelo, profanan su memoria. Todavía no puede descansar en paz. Siempre te voy a honrar, te voy a defender. Como lo hice todos los días de mi vida. Porque nadie te quiere como yo y me alivia saber que lo sabías, lo sentías.
Tantas veces lloré por vos y lo seguiría haciendo, porque no cambiaría ni un día ni un sentimiento de los que vivimos juntos. Porque nada valió más la pena que disfrutar 31 años de tus abrazos, de este amor que mueve montañas, de tu aliento, tu comprensión, tus consejos. Charlas, paseos a la garita, al rosedal, regalitos comprados en el subte. Dormir en el medio de la cama entre vos y la aba. Frutillas con naranja, tuco, aceitunas, latkes de papá. Lo que sea hacías por mí. No me voy a olvidar cómo me cuidaste y te preocupaste por mí cuando volví a vivir sola, lo más lindo era sentir que no estaba sola si estabas cerca mío. Sé que te acompañé mucho en tu soledad los últimos años, que tenías una ocupación que te hacía sentir importante, era pensar en mí, traerme comida todas las noches, ser vecinos. Y lo lindo que la pasábamos cuando venías a cenar con Fede y conmigo y nos contabas tantas historias, anécdotas. Nos elegías para ser los transmisores de tu legado, de tu historia de vida.
Tantas veces lloré por mi abuelo y ahora, que es cuando más tiempo pasé sin verlo ni hablar, hay días que el dolor me apaga el alma, y sin embargo no puedo llorar y quisiera meterme en el pozo de la angustia, pero una fuerza poderosa me tracciona a la superficie. Y aunque ya sepas lo difícil que es para mí extrañarte, no puedo más que escribir y escribir infinitos renglones de amor y dolor. Y soñarte, abrazándonos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Sabrina

Sabrina: mis padres me dieron la vida y un nombre. Un nombre que carga el sentido de mi existencia en tu mundo. Suena a todo el amor que recibí en el primer instante en que llegué, que acumulé y atesoro hasta hoy. Una chapita cuando nací, una pulsera a los doce que tenían grabadas mis letras “Sabrina”, siempre fui tan resonante. Realmente me sentí importante, imprescindible, especial, única por serlo para vos. Fui sostenida cada vez que me lastimé, lloré, perdí, acompañada cada vez que logré algo, me acerqué, lo alcancé, avancé. Mi nombre habitó diversos espacios y casas, hasta que llegó a tu mismo piso, ganó muchos adjetivos que lo acompañen. Nadie que no tenga mi voz inconfundible, cuando los ojos no me distinguen, lo puede utilizar. "No sabés el orgullo y alegría que sentí cuando escuché por el micrófono 'Licenciada Sabrina'". No permitís hablar mal de mi nombre, nadie me puede hacer mal ¿Quién será Sabrina ahora? ¿Me faltará alguna letra? ¿Me volveré un ser diminuto e insignificante, invisible? Ya estoy extrañando ser nombrada por la voz gruesa e imponente, los abrazos apoyada en ese pecho fuerte y contenedor. Mi nombre lleva un pedazo de tu alma, nuestro lazo de sangre y amor es eterno.

viernes, 21 de octubre de 2016

Hoy, dame un beso. Se sabe entonces que también un abrazo fuerte aunque flaco aunque débil nos abrazamos con todos los brazos que encontramos y la cara y el pecho y los miedos. Siempre el idioma de los abrazos, nadie nos entiende mejor. Y la lima del tiempo que nos muerde, la pateamos.

Todos los brazos

Hoy, dame un beso. Se sabe entonces que también un abrazo fuerte aunque flaco aunque débil nos abrazamos con todos los brazos que encontramos y la cara y el pecho y los miedos. Siempre el idioma de los abrazos, nadie nos entiende mejor. Y la lima del tiempo que nos muerde, la pateamos.

domingo, 25 de septiembre de 2016

notas

qué aflora 
en la explosión de mi carne
por la rotura del pantalón
se intenta contener
aún arde
y tus ojos desorbitados
hunden la piel
estacas prendidas fuego
recuerdos huracanados
te arremolinan el pelo
dame la tijera
para recortar 
las atmósferas cerebrales que te alojan
quién voy a ser cuando tu boca selle mi nombre

viernes, 26 de agosto de 2016

carta pesta

como un rayo los años
un soplo profundo la vida
papelitos en blocks
anotaciones no te olvides
garabatos en el aparador
mensajitos te amo
apuntes de una teoría que te partió la cabeza
las décadas en cajas

lunes, 25 de julio de 2016

Vitrinas de tiempo (El futuro llegó hace rato)

El futuro es una nube amorfa de color nítido, va tomando diferentes figuras. De vez en cuando quiero encajarla en los moldes de los legados, se me escurre entre los dedos. Como las utopías camino un paso, se aleja dos, inalcanzable. Mi caminante interior tiene un ritmo confuso y desordenado cuando se aparta del camino. Va por la calles visualizando las puertas que albergarán los sueños, las ventanas por donde desplegarlos. Consigna, visualizar hasta que se hagan realidad.

A veces el futuro toma forma de bola de nieve, se aparece con impulso para arrasar, te pisa los talones, espera al acecho después de dormir. Me gusta creer en la permanencia de los sabores, los colores, las almas, los abrazos. Por momentos quisiera conservar las vidas en una vitrina donde el tiempo no pase, que no se llenen de polvo. El presente muere para ser pasado, ¿será eterno el futuro? Vuelvo a pensar en las mariposas, metáforas de transformación, volando a morir al río. Entonces el futuro es dinámico y libre, posible de garabatear. Algo me late, ¿cómo no sentirme así? El futuro es cruzar el umbral de otra década con el puño en alto y el corazón nuevo/ de siempre.

Los 5 elementos de Iguazú

(A mi abuelo, ser a quien amo con toda la fuerza del universo)
Caudales de agua sonando estrepitosamente, con furia enérgica. Caen por los saltos de manera abrupta y se renuevan con más agua del río. El río tiene un curso cierto aunque es distinto cada día. El agua es purificación, renovación de la energía. Golpea la cara con el ímpetu de quien tiene el alma explotando de luz. Frescura.
El aire húmedo se cuela apenas entre la selva. Pasa denso entre las ramas y las hojas. Vuelan las aves con inmesa libertad. Tucanes, guacamayos, colibríes y jilgueros (los que a vos te gustan) que cantan armoniosamente. Los vencejos se lanzan a toda velocidad hacia las cataratas, se los ve como si se tiraran a un pozo, y es sólo una búsqueda de refugio. Las mariposas cautivadoras por el misterio de su belleza efímera, son metáforas de transformación. (También me has hablado de ellas por estos días.)
Aquí todo está vivo, encendido. El sol es el fuego que arde en la piel, que proyecta los arco iris donde desembocan las aguas.
La tierra de los pies descalzos y cansados. Colorada y caliente, hierve. Nos acobijó para el descanso. Nos trasladó.
En este viaje me quedo una vez más con el agua y el aire. La naturaleza me mostró su maravillosa inmensidad, lo sobrepoderoso. Lo abrupto de la vida. Los ríos que saltan y siguen su curso, nadie los puede frenar. No se puede empujar al río. En el aire quedan volando los pájaros y las mariposas libres. Y ahí espero encontrarnos siempre.

sábado, 28 de mayo de 2016

retumban los bombos legüeros
no me dejan dormir
Tum-tum
los gauchos zapatean
antes de morder la fruta
Tum-tum
pendo de un hilo
soy cúmulo de tiempo
sostenido en el aire
soy quietud blanda y oscura
no ahondo en mis mundos
silencio
creo escuchar el gemido
apago la irrealidad
¿silencio?

viernes, 22 de enero de 2016

el repique del jilguero

dos nenes sostienen una jaula entre las manos
revolean al jilguero, mientras corren en la calle artigas
un señor toma maté con su esposa
se afeita como corresponde y sale a la calle
chicos, van a matar al pichón, esa no es manera de jugar
se lo regalan al señor que les habla con voz fuerte y gruesa
no sabían cuán valioso era el pajarito

una jaula de madera en el balcón
la nieta muy pequeña del señor, lo mira con asombro
observa el amarillo, gris y verde
conoce lo que es una mascota
está aprendiendo a hablar, “toti” lo llama 

el mejor repique es por las mañanas
un canto sostenido que despierta al barrio
canta como un loco, dice el señor con media sonrisa
un vendedor de coca-cola se lo quiere comprar
un aficionado a los pájaros lo quiere trocar por una camioneta
todas las tardes el señor y la nieta le dan juntos de comer alpiste
toti no se vende, toti no se cambia 

muchos años de notas agudas y pitadas para el final
caricias con el dedo índice, horas de contemplación
charlas sobre pájaros y perros

la nena tiene nueve años
se va de vacaciones a mar del plata
el tiempo separada de su abuelo ya es mucho
quiere volver
se abrazan y se cuentan las novedades
pasó algo en este tiempo lejos, toti se voló

los días siguientes lo busca entre los gorriones que bajan a la puerta del edificio
mira por el balcón cada pájaro posado en el árbol, a ver cuál puede ser

-- 

algo después comprendí el vuelo del jilguero
¿cuál es la metáfora de hoy para el vuelo que se acerca,
para la vida que se escapa?
¿si yo también pudiera volar, adónde iría?
¿si aún fuera esa niña
y alguien me dijera que mi abuelo se está por ir a volar, qué haría?
le daría todo el aire que tengo
aprisionado en el pecho
anudado en la garganta
cada uno de mis huesitos
que no me deje