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lunes, 28 de diciembre de 2015

ese abrazo
sólido
de brazos fuertes
energía
anacrónico
del pecho inflado
este abrazo hoy:
aire respiro
fuerza transmito

miércoles, 12 de agosto de 2015

un mundo para mí

si no me pega el sol en la cara
el viento no me despeina la piel
si no tienen color mis labios gruesos
el cielo no dibuja amanecer
si siento ardor en el pecho
los pies amenazan volar
si de escalofríos son los brazos
y las manos tejen esperanzas
si cada día espero más del tiempo
si no queda alguna hora para mí
si canciones no suenan dentro
si el sol cae
purpura naranja y amarillo
un abrazo apretado
un beso que dure y otro más
algún te quiero siempre
si no, la tristeza
si no, la oscuridad
si no, me pierdo
sin viento en el sol
labios en la piel
sin amanecer en el pecho
pies de esperanzas
sin tiempo purpura naranja y amarillo
sin un apretado que dure
sin otro algún siempre
no hay mundo para mí

martes, 11 de agosto de 2015

escupen dolores hablan

días de letargo
en el sillón agonizás
por la alfombra te arrastran penas
cortinas de lluvia en la ventana
van lavándote el corazón
muy lento
herida limpiarla quieren
sutura no hay
boca por la escupe
tu ciclo sangra dolor
vientre en el anudado
fue vacío
ilusión
devorador cruje ahora
el dolor dice:
te quise de la manera más tierna
te quiero
tocaste lo más dulce de mi pecho
mi alma
aplastada por tus pies de gigante
la estrujaste entre tus manos suaves
mendigando contención
brazos de la madre que no soy
aún te veo ese brillo opaco en los ojos
me conmueve hasta reír
llorar
hasta derretir el cuerpo
por no poder tocarte
no querer tocarte
si apoyara un dedo en vos
quemaría hasta enllagar
respirar tu aire me intoxica
tus emociones me sacuden
hasta vomitar
todo por no poder darme
una pizca
de vos
de amor
¿qué es lo que vi dentro tuyo?
¿qué me hiciste, corazón?


sábado, 1 de agosto de 2015

parir el tiempo

acuno a un bebé sin padre
no recuerdo cuándo
salió de mi vientre
debo cuidarlo
lindo y redondito
suave
vamos de aquí para allá
que no se pierda
ahora es un objeto
cabe en una mano
dónde está mi bebé
que se transforme
rostros en otros cuerpos
voces en otros nombres
hago fuerza para despertar
estoy acá
haciendo trizas el futuro que perseguí
seguiría intentando
si quedara más tiempo
para perder
debo seguir arruinando
lo que encuentro
quedan domingos podridos
voy a parir mil libros
nadie me va a ahorrar estas lágrimas
a evitar esta muerte

martes, 14 de julio de 2015

muy tarde, mi amor

caíste tarde
en el pijama de día
pozo de domingo
insomnio feroz,
en la tostada quemada
leche vencida
                polillas en conserva;
tarde caíste
en el barro del olvido
ojeras de rimel hipoalergénico
                persiana rota oscuridad,
en el scroll de facebook
retazos de hombres
ilusión nunca más.

martes, 16 de junio de 2015

yéndome por las ramas

vos me hablás
y yo me voy 
por las ramas de tu cara
bonita
de un tiempo atrás
cuando la vida
se asomaba por la ventana
del mundo
que pisaría después

las ramas nacen en tus ojos
lanzan misiles dulces
palabras los van a aplacar
la boca encendida
labios rojo fuego

las ramas de tu cara     
dibujan dolor
            nunca nadie se salvó
vasta profundidad
bordes de ternura
veo en sus bifurcaciones
sueños de juventud

viernes, 12 de junio de 2015

revolución en los corazones

tengo el corazón tomado
un pájaro de colores vive dentro de él
a veces intento dejarlo libre
el pájaro se quiere quedar ahí

tengo el corazón tomado
un pájaro revolotea incesante
impidiéndole  actuar
sin espacio para ningún colibrí

tengo  el corazón cerrado 
no sé cuándo lo voy a poder abrir
prefiero dormirme
escuchando el canturreo del pájaro
sólo para mí

miércoles, 10 de junio de 2015

daga
lanza
soga
noche
camisón

martes, 9 de junio de 2015

daga clavada en la garganta
lanza atravesando el pecho
soga amarrando los pies
noche que duele
hasta el camisón

viernes, 5 de junio de 2015

1990

veinticinco veces
pensé especialmente
en
el último abrazo
pullover marrón
tu visita de despedida
suena el timbre, una noticia
la abuelita
nunca más te voy a ver
dejemos a la nena con alguién
mamá, tu dolor es mi dolor
veinticinco años
preguntándome
¿cómo sería estés acá?
¿qué
colores las mañanas
sabores en la cocina?
¿cuántos
besos los martes
consejos con amor?
qué alegría
el abuelo no se levanta sólo hoy
Qué es el amor, 
si no esta daga clavada en la garganta, 
lanza atravesando el pecho, 
soga amarrando los pies.
Qué es el amor, 
si no esta noche que duele
hasta el camisón.

miércoles, 27 de mayo de 2015

JJJ, estación San Martín

A mi hermano Kevin, y la complicidad que nos une.


Una noche lo descubrimos, él nunca lo notó. JJJ, el gran personaje mítico de La Paternal. Atónitos, marcamos sus iniciales en una baldosa, para dar comienzo a la leyenda urbana.
Todas las noches de invierno pasadas la 1 a.m. Juan José Julata, un hombre flaco de nariz respingada, se viste con ropa dentrecasa: un sweater Pierre Cardin beige comido por las polillas, un pantalón de vestir gris por arriba de los tobillos y pantuflas forradas con simil corderito, con un agujero en el dedo gordo derecho. Camina hasta la alacena vieja, donde posan tres telarañas y dos cucarachas muertas y, en la única copa que tiene, color verde musgo, se sirve el champagne preferido de su abuelo. Es blancuzco y tiene gusto agrio, pero no le parece refinado andar mirando la fecha de vencimiento de las bebidas. Justo cuando el viento sopla más fuerte, sostiene la copa en una mano, apoyando apenas dos dedos y levantando el meñique, y se dirige hasta la puerta. Abre la cerradura siempre medio trabada, medio por dejarlo adentro, saca un pie al umbral, huele el champagne inspirando hondo, exhala, saca el otro pie, estira el brazo libre mirando al cielo, cierra los ojos y canta una estrofa de un tango. Después de la última silaba, con la frente en alto, cruza la avenida J. B. Justo en línea recta a su puerta, esquivando autos, porque no le parece de buena educación cruzar por la senda peatonal, ni mucho menos prestar atención a los semáforos. Levanta alto la pierna, con esfuerzo, a pesar de sus jóvenes 35 años, para subir a la plataforma del metrobus. Se sienta al final, en el banco debajo del Martín que está junto al San indicando la estación. Y recién ahí saborea el champagne de la copa, contemplando su puerta y los pocos colectivos que pasan por esas horas de la madrugada. Es el paisaje más encantador del día, sobre todo cuando la lluvia moja el asfalto y ve el peor reflejo de la rutina. Cada tanto pierde la mirada, y del suelo salen formas tridimensionales. Entonces, ve pasar un tranvía por el carril exclusivo, con los animales del arca de Noé, después un tren fantasma a toda velocidad que le vuela el flequillo, y por último un carruaje de 1810 con una novia vestida de negro y una peineta en el rodete. Sonríe con la mitad de su boca, dejando asomar los dientes oscuros, tiñendo de nostalgia su semblante, y se levanta con fiaca pero satisfecho, pensando en las tostadas. En la copa queda un fondito de líquido blancuzco con el que rociará los cactus apoyados en la ventana, no tiene balcón ni terraza, sólo un banco en la estación donde sentarse a que el frio le cale los talones que las pantuflas no llegan a cubrir. Baja de la plataforma de la estación, cruza esquivando los autos, abre la cerradura medio trabada, medio por dejarlo afuera, y se mete rápido en su casa, como para que nadie lo vea, ni descubra sus hábitos.
Desde aquella vez que lo conocimos, cada madrugada volvemos a espiarlo a través de los vidrios de Torino, llevamos binoculares, para observar los detalles de sus movimientos. Cuando se va, jugamos a imitar su manera de caminar, sus gestos. Nos sentamos en el mismo lugar, cerramos y abrimos grandes los ojos, hasta que nos irrumpen las carcajadas por sentirnos tan ridículos, de estar con los ojos como cuatro platos y aun así no lograr ver nada fuera de lo común. Apenas pasa la risa, se nos pone la piel de gallina, nos da un poquito de miedo y nos miramos seriamente. Entonces, volvemos a hacer la promesa de guardar para siempre el secreto de quién es en verdad JJJ, o quién ha sido.


miércoles, 13 de mayo de 2015

ocaso para locos

la belleza del mundo
la vida
a través de un cristal
el marco de tus lentes
el sol efecto invernadero
quemando la punta
del pétalo de la margarita
calor en el pecho
jardín abierto
correr a mansalva
campo verde dinamitado
de amor
pasto esponjoso
reposa tu vientre
arrancaste las malezas
espinas de adiós
una mariposa de papel
inquieta las mentes pulcras
a lo lejos el faro
señalizando  la vida
que no encallen los sueños
rompan en la orilla
la espuma del mar
memoria brillante
una infancia en colores
bailando resistió la correntada
ocaso para locos
en la tangente de la imaginación
ven en sombras
la mejor cara de la luna

jueves, 26 de marzo de 2015

desintegro

la casa donde vivo se desplomó
destrozando el corazón
cuerpo nudo se desata
cráneo en mil pedazos
manos desarmadas del tiempo
ojos miran para adentro
y el alma se enciende de luz

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

soy un paisaje eterno
bailando con el sol
nacen colores de la tierra
brotan árboles de la piel
y en un columpio de madera
vuela mi libertad
al compás del viento

cuál es el color de la soledad
el sonido del amor
que envuelve el desintegro
ardiendo desde ahí
quemando hasta morir

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Cuánto tiempo tarda en caer sobre el mantel el pétalo marchito de una flor?

El pelo negro y carré, un mechón blanco que corta con el azabache bordea la frente y se lo acomoda cada tanto con los dedos. Nunca fue a la peluquería, prefiere sus tijeretazos, algo rápido y sencillo. Y nada de tinturas. Mira el teléfono, verde militar con botones negros, mezcla de antigüedad y vanguardia. Va a marcar y esperar a que la atiendan, su hijo debe saberlo.
Todos los días Oscar llega primero a la oficina, incluso antes que su jefe cascarrabias, y compra tres facturas: una medialuna de grasa, una bola de fraile con crema pastelera y un moño de membrillo. Tiene debilidad por lo metódico, debe bajar el cordón con el pie de derecho y subirlo del otro lado con el izquierdo. Esta vez algo ha fallado en sus cálculos matinales, lo presiente por la manera en que el colectivo frena abruptamente en la parada donde desciende. Baja el cordón con el pie derecho y cruza Viamonte, esquina Suipacha, mirando su reloj, deseando no haberse pasado del minuto en el que debe pisar el cordón con el pie izquierdo.
Pedro pasa el primer rato de la mañana escuchando cómo su mamá lo reta desde la cocina, en una hora es la prueba y no estudió lo suficiente. Él prefirió jugar todas las tardes a la pelota en el pasaje de la vuelta, o cambiar figuritas con Joaquín. Además, no le gusta la Física. Su materia preferida es literatura, sobre todo cuando la seño le da para leer cuentos fantásticos, de brujas, o futuristas, o cuando lo deja que escriba un cuento con tema libre. Pedro intenta una vez más memorizar un párrafo de su manual, lo lee en voz alta, casi gritando "Los pesos de dos cuerpos que reaccionan sobre un mismo peso de un tercer cuerpo indican, por sí o multiplicados por un factor sencillo, los pesos de aquellos cuerpos que reaccionan entre sí, si es que pudieran reaccionar."
El mar en las costas del Sur está revuelto, pica con fuerza en las piedras. El sol se refleja en el agua, y las olas en los acantilados. Después de una tormenta fuerte, la orilla se llena de caracoles y conchillas que lastimarían las plantas de los pies. Pero en invierno las playas están desoladas. Quedan los grafitis en las piedras de las parejas que allí se besaron. El sonido de los pájaros combina melodías con el chasquido de las olas. Sola la naturaleza despliega sus sentidos, el sol salió hace un rato largo, no hay precisiones sobre el tiempo. El mar trae consigo una bolsa de plástico roja envuelta en algas, la deposita en la orilla y abre un misterio.
Un ramo de flores lanzado por una novia y atrapado por una joven reposa en un florero antiguo sobre la mesa. Se lo regaló su abuela, con la promesa de que lo luciera en su hogar de casada. No imaginaba la anciana, que las chicas modernas vivirían solas antes del matrimonio. Claudia adora a Marisa y sus ideas de Cenicienta, por eso aún conserva el ramo, a pesar de que el casamiento fue hace dos semanas. Yendo al baño a lavarse los dientes, pasa y ve que las flores ya están marchitas, especialmente una, que están por desprenderse sus pétalos. Piensa qué tienen en común ese ramo y ella, en la fiesta, en el instante en que salta, estira los brazos y lo atrapa. Cae sobre el mantel el pétalo marchito de una flor, y desparrama en el aire su última fragancia, una mezcla de olor a jazmín, a hoja seca, a humedad.

viernes, 20 de febrero de 2015

La casa protege al soñador

Esta noche voy a construir mi casa. Será arriba de una colina, en el medio del mar. Voy a construir una casa enorme, con muchos cuartos, rincones y espacios. Uno para mis días de ira, otro para los creativos, los espirituales, los miedosos, los pesimistas. Afuera plantaré el pasto para poder rodar en él, deslizarme hacia el mar. Mi casa tendrá muchas puertas, para que entren quienes yo quiera invitar, y ventanas para contemplar las diferentes perspectivas desde la altura. Voy a levantar paredes gruesas, fuertes, por si vienen a querer derribarlas. Voy a poner una cerradura y una llave, para que no puedas cumplir tu fantasía de romper mi casa, de quebrarme el cuerpo. Mirillas para la gente que ya no quiero mirar a los ojos, ni recibir sus miradas lacerantes. Construiré una habitación sin techo, para ver las estrellas hasta conciliar el sueño, me moje la brisa de verano, los sueños puedan salir volando, junto con mis seres imaginarios, para que el sonido del mar me haga sentir menos sola. Esta será la casa más propia de todas las que sentí mías. Pintaré las paredes y los muebles de blanco, algunos verde agua. Voy a construir también un altillo de madera, donde guardaré mis recuerdos y deseos más profundos, será el sitio de la casa donde nadie pueda acceder, como mi alma rota y desencantada.

jueves, 29 de enero de 2015

Distancias

La cama gigante, son peces que nunca se cruzaron en la inmensidad del mar. El auto más ancho que la ruta, un asiento de cada lado de la carretera, y por el medio se escapan los sueños.  Las extremidades del cuerpo larguísimas y torpes, no pueden abrazarse. Palabras balbuceantes, olvidan conjugar el verbo amar, gritos se vuelven sordos. Los pies enredados, cansados, zigzaguean sin rumbo, ya no caminan a la par. La mente una estrella fugaz, brilla fuerte y se va, a perderse en la fantasía de la eternidad.

viernes, 23 de enero de 2015

Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
(…)
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.
“Preguntas de un obrero que lee”, Bertolt Brecht.

La ciudad duerme y las luces se encienden. La noche es un nuevo mundo que se abre cada día. Letreros luminosos, bambalinas, puertas de bronce. Adoquines legendarios donde pisan las estrellas, los protagonistas, las caras visibles de las grandes obras. Señoras paquetonas de peinados con mucho spray y los pibes que buscan refugio en el arte. Colas, autos, bocinas. El obelisco de fondo completa un paisaje casi de postal, si no fuera por los mendigos que buscan la moneda para el pan. Cuando la ciudad duerme, se enciende la calle corrientes.

-          ¿Sabes qué, Laucha? A veces pienso si en vez de estar acá arriba, viste, estuviéramos ahí abajo en esas tablas de madera… todo oscuro… ¡Imaginate! ¿lo ves? ¡¿lo ves!? La gente mirándonos con los ojos así de grandes… ¡Así! ¡Mirá!
-          ¡Pará, huevón! ¡Qué me tocá’ así lo’ ojo’! dejá de decir boludece’, queré…
-          No, ¡Lauchita!, es un sueño que yo tengo siempre ¿sabés?
-          ¿Un sueño de qué? ¿De qué me habla’ vo’? 
-          ¡Un sueño, Laucha! ¿Vos nunca soñás antes de dormir? Con los ojos abiertos digo, no los sueños de cuando se duerme. Cuando volvemos y ya es de día. O acá mismo, cuando ponemos los fierros. Soñar… ¡soñar, Laucha! Soñar es…
-          A vece’ me imagino a la Ester en la ducha…
-          ¡Pero no digo eso, che! ¡Los sueños que lo hacen a uno sentirse libre!
-          Yo ahí me siento libre, porque si me pesca la Laura, ¡mamita!
-          Hay que imaginar, Laucha, vos escuchame a mí, che. Yo siento que sin ilusión no tengo nada, no quiero pensar en estar toda la vida subido a esta escalera, conectando cables, poniendo fierros…
-          Y bueno, qué queré’ vo’... ¡es lo que hay! ¡no queda tiempo de pensar!
-          ¿Pero vos pensaste alguna vez…?
-          No tengo tiempo de pensar.
-          Pensaste que acá arriba este cartel luminoso va a brillar todas las noches siguientes, harmosos. Desde los autos caros lo van a mirar, les va a sorprender, van a creer que están en la ciudad del progreso, como esas fotos que muestran de las grandes ciudades…
-          Sí, esa’ la’ vi, ¿y?
-          ¿Bueno y quién se acuerda de nosotros que laburamos toda la noche para colgarlo? ¿Quién nos juna, Laucha?
-          Nadie, Vitor.
-          ¡Y por eso!
-          ¿Por eso qué?
-          ¡Uh, Laucha! ¡Sos duro, eh! ¡Que tendríamos que ser actores nosotros dos!
-          ¿Te volviste loco, Vitor? Yo sólo puedo actuarle a la Laura cuando…
-          “Victor y el Laucha, los locos de los techos” con letras bien grandes…
-          ¡El burro adelante pa’ que no espante!
-          ¡Que harmoso, Laucha! Una comedia… con chicas pomposas, todas así bien carnosas…
-          Uhm…
-          ¡O un drama! Y hacemos llorar a las minas hasta que se les arruine todo el reboque de la cara… ¡Ahí sí que nos prestarían atención, Laucha!
-          ¿Quiene’?
-          ¡La gente, Laucha!
-          Pero ganaríamo’ do’ peso’, Vitor, sabe’ qué, la Laura…
-          ¡¿Qué importa eso?! ¡Nos buscamos una changuita más! Además los actores de la tele, se ve que se dan la gran vida…
-          Qué vivo, vo’ no va’ a poder llegar a la tele…
-          ¿Qué sabés? Igual yo hablaba de otra cosa
-          ¿De qué cosa?
-          ¡Uy, Dios!
-          Que aunque estemos acá, trabajando para el patrón, hay que desear otra cosa, hacer algo que no guste más, cumplir un sueño…
-          ¿Y para qué, si igual seguimo’ acá?
-          Porque Laucha, no entendés, si empezás por pensarlo, eso te da libertad en la capocha… Y cuanta más libertad en la capocha, ¡más libres somos como personas! ¡Ahí está lo resolví!
-          ¿Qué resolviste?
-          Lo que estuve pensando estos días
-          ¿Y qué pensaste?
-          ¡Dale, Laucha! ¡Cortala de ser tan boludo, querés! ¿No te das cuenta que así no somos libres? No podemos viajar a donde quisiéramos, pasamos toda la noche acá mientras nuestras mujeres y los pibes duermen, y cuando ellos se despiertan nosotros tenemos que dormir, y todo el esfuerzo para igual llegar con lo justo a fin de mes, nunca poder ir al cine, al teatro, a ver fútbol, todos los días uno igual al otro, ¿para qué, Laucha? Si toda la plata se la lleva él. A nosotros nos deja el cansancio, las manos cortadas, los músculos de la gamba doloridos de estar acá arriba… y siempre la angustia de sentirse un pobre más…
-          Puede ser, Vitor, puede ser que tenga’ razón, nunca lo había pensado así…
-          Vení, Lauchita, no pongas esa cara, ¡dame un abrazo!
-          Ey, salí vo’…
-          Dale, Laucha querida, que si nosotros no nos queremos laburando acá tantas horas, nos comen los de afuera, como dice el refrán… ¿cómo era?
-          No sé
-          Bueno, no importa, ¡escuchate cómo canto este tema de los Redondos que me encanta! ¡Canta conmigo, Laucha! ¡Que nos escuchen hasta abajo!
-          ¡Alta banda esa! ¡Bien ahí, Vitor!
-          Banderas en tu corazón,
yo quiero verlas!
ondeando, luzca el sol o no
Banderas rojas! Banderas negras!
de lienzo blanco en tu corazón…
Esperando allí nomás,
en el camino,
la bella señora está desencarnada.
Cuando la noche es más oscura
se viene el día en tu corazón… 
Yo sé que no puedo darte
algo más que un par de promesas...
ticks de la revolución
implacable rocanrol
y un par de sienes ardientes
que son todo el tesoro.