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martes, 9 de diciembre de 2014

Vuelven a mí

Estaba adentro de un taxi, sentada en el asiento de adelante, llegando tarde al trabajo. Había estado leyendo una novela en el colectivo, compenetrada en una historia de amor y aventura, que hizo que me distrajera y me pasara de donde debía bajarme. No sabía dónde estaba, ni cómo volver.  Por eso decidí tomar un taxi, en una avenida colapsada por el tránsito. Los autos no avanzaban y el tachero aprovechaba para piropearme e invitarme a salir. Quería escaparme, siempre me dio miedo estar sola en un auto con un hombre desconocido. El tipo se me acercaba cada vez más. Abrí los ojos. Me pesaban mucho, desde las cejas hasta los párpados y las ojeras, era muy difícil mantenerlos abiertos. Miré el despertador y eran más de las diez. Entro a las nueve a trabajar, llego todos los días nueve y media, pero me despierto a las siete. Me levanté de la cama, con el cuerpo también pesado, y muy mareada, me costaba llegar hasta el baño. Cuando pasé por el comedor encontré a mi padre sentado leyendo el diario, se ve que volvieron a vivir conmigo, pensé y abrí la ducha. Desde adentro de la bañera se oía una voz que relataba algo que no comprendía, en un impulso arranqué la cortina, y era mi mamá que estaba duchándose. Le pedí que por favor se apurara, porque estaba llegando tarde, aunque mi cuerpo estaba muy enlentecido como para sacarse la ropa. De mientras, me mostraba dos pititos que tenía en su panza. Abrí en un sobresalto los ojos, el espacio era pequeño y rectangular como una caja, mi voz resonaba con eco cuando gritaba preguntando si había alguien del otro lado que me oyera. Las paredes eran plateadas y se despedazaban si las rasguñaba con mis garras. El aire empezó a faltarme, sobre todo cuando descubrí que el único lugar por el que entraba oxigeno era un pequeño agujerito, un círculo perfecto, como hecho a máquina, del diámetro de un sorbete. Abro los ojos con fuerza como si estuvieran pegados. Tengo un perro hincando los dientes en mi brazo, dejando mi mano dentro de su boca, siento como sus colmillos atraviesan mi carne. Después de tironear unos segundos, logro que se desprenda con un sacudón. Gatos se lanzan hacia mi cuerpo con sus uñas filosas, quieren colgarse de mi piel. Los pateo con toda la fuerza de mis muslos, salen volando, pero rebotan y vuelven a mí. Ratas caminan mansas, suben lento por mis pies, escalan sigilosas por mis piernas generando un cosquilleo, pasan por mis pechos, se saltean la boca y se comen mis ojos.

domingo, 2 de noviembre de 2014

pez rojo

la razón no entiende el destino del cuerpo
el no destino, el temblor
un segundo antes de la luz
blanca luz saliendo de los ojos
proyectando una vida
la edad multiplicada por siete
los silencios de la sala
una noche en la caverna del terror
latigazos en el pecho
se solicitan guardianes de la historia
presentarse con urgencia
para no olvidar
el aire es violento, se ahoga
gotas de lagrimas densas
la jaula es fría
más que su cuerpo inerte
sábanas sucias olvidadas
un pez rojo espera al acecho
ashley ashley ashley
hay que repetir su nombre
¿un nuevo duelo
sana el anterior?

martes, 7 de octubre de 2014

todavía

no aprendí
ni media gota de lágrima
el vaivén de la palma
al decir adiós

ni un segundo de vacío
el pecho hundido
cambiar la piel

ni a combatir el insomnio
tocarte en un sueño
secar la flor

todavía no aprendí
ni a olvidar el abrazo
callar el nombre
masticar dolor

miércoles, 17 de septiembre de 2014

ojos mundanos

sin nudo que cierre
el paquete de mis recuerdos
estos días de nomadismo
juntaron polvo de plata
cada vez que encontré en el mar
el reflejo de mi mundo
plebeyos sabor frutilla
montañas de acordes filosos
cuerpos que se parten de amor
dolor
sueños de niña mimada
colores de eternidad 

la huida dejó cansancio
un péndulo de espaldas al corazón
no escucho la voz que me llama
piernas de plomo
cuerpo baboso
no puedo llegar
observo mi mundo
desde una ventana prestada
pequeñito agujero del tiempo
espíritus delirantes
rebeldes combativos
princesas feministas
pies voladores
gargantas de terciopelo
alguien mira
triste por una hendija
supo estar de este lado
brilla su palidez
tiene los ojos mojados 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Río manso

El lomo pequeño de Cachorra moviéndose entre las baldosas, es un gusanito arrastrándose por la tierra fresca, un niño gateando en busca de su juguete moviendo la cola para conservar el equilibrio. Un pedazo de vida que cabe entre las manos, inquieto al toparse con el nuevo mundo. Terciopelo suave, un vestido de seda acariciado con el alma. Su pelo tornasolado, son las hojas del pastizal mostrando los diferentes colores al bailar con el viento, las mil caras de la luna.

Aumenta de peso y de tamaño, para ser fuerte como los arboles donde le gusta frotarse. Se mueve velozmente, arroyo de gran caudal que zigzaguea hasta desembocar en la libertad del pájaro que canta por la noche, girando como un reloj que ya perdió la cuenta de la cantidad de vueltas que dio. El pasto es el regazo, mullido, un colchón de esponjas, donde puede descansar. Hasta que vuelve al movimiento corpóreo, natural, cabalgante como el potrillo que quiere llegar a su meta. Emana energía cinética, que se propaga como la peste más hermosa, igual al amor cuando vuela por el aire en micropartículas.


 Los días se suceden uno a uno, un balde que se llena y rebalsa con una gotera que miramos cotidianamente sin querer creer en la dimensión de sus gotas. El lomo ahora se mueve como un río manso, que aumenta levemente la marea y vuelve a bajar, fatigado. Redondo e hinchado, un globo de gas denso esperando ser soltado para volar entre las nubes, escabullirse en ellas. Se acurruca entre mis pies, siento el calor de un hogar a leña que recorre mi cuerpo hasta alojarse en el pecho. Me pesa en la espalda cada paseo que la correa lo tironeó para que no se aleje, las veces que fue almohada, o llevó a una de mis muñecas hasta su príncipe. Su lomo es mi espalda. Juntas refunfuñamos para que no llegue el amanecer que nos va a separar.

martes, 10 de junio de 2014

Vidguiega

Oh, hoy me pagueció vegte pog ahi. La falda de Antoinette temblaba con el tgaca tgaca tgaca del tganvía. No me dejaba veg nada. Tenía miedo que me cayega pog el tembleque del asiento. Me apgetaba la cabeza contga su pecho. Oh mis bucles, casi se desagman, si me hubiegas visto ¡Qué calog!

Cgueo que te vi de espaldas, Fgansuá, te llevaban paga adentgo al aggastgue pog el suelo de magmol. ¿Quién te espegaba adentgo? ¿A dónde te ibas sin mí? Si siempgue estuviste atgás del cguistal limpio y bguilloso, como mi cabello guizado y dogado, suave, Antoinette lo cepilla y luego agma los bucles de nuevo. Tomamos el té todas las tagdes en tacitas de pogcelana, antes de dogmig en mi chalet al pino sin paguedes. 

Oh, no me cgueeguían, pego estoy seguga que egas vos. La puegta de madega púgpuga, se abgue y ciega a cada gato. Guecuegdo cómo cguge, gchin, gchin, como el día que me viniegon a buscag. Nos despedimos con un vestido lila y una camisa azul. Hoy pienso que me quisiega habeg quedado, luciendo tgajes, sombguegos, migándonos hasta que caiga el sol, y las señogas bajen la pegsiana. Guiéndonos de los juguetes de madega abugguidos, o de los osos de peluche sin estilo, ni delicadeza. Susugando pog las noches paga que los niños no escuchen. No me puedo quejag del bgazo y las faldas de Antoinette, pego no pude olvidagte, Fgansuá. Ese día que los bebotes mofletudos, nos llenagon de baba los cachetes, me sentía tan asquegosa, y vos con el pañuelo de tu bolsillo me secaste a mí y después secaste a vos. Ese pañuelo con baba nos unió paga siempgue.

¿Te acogdás, Fgansuá, de mis sueños? Antoinette piensa que soy como ella, se olvidó dónde me encontgó, que no voy a cgueceg y que no quiego tampoco, nosotgos no necesitamos eso. Insiste con el té con platito y las masas dulces. Pego ahoga que te vi desde la ventana del tganvía de espaldas, siento que abguí los ojos de vidguio, Fgansuá. Cuando pasó el tembleque y llegamos a la estación me metió adentgo de su bolso, los ojos se me ceggaban, queguía teneglos abiegtos. Oh, mi moño se iba a soltag, el encaje de mi vestido, enganchagse con el cieggue de su cagtega. Vos me lo elegiste, estaba guecién cocido, ¿te acogdaguías si me viegas? No, pego no ahoga, quedé despeinada de este paseo al que me tgajegon. No quiego que me veas así, y pienses, igual que Antoinette, que soy como ella, que puedo cgueceg, volvegme ggande, despeinada y fea. Pogque está convencida, si la escuchagas cómo me habla, entendeguías lo que te digo de su confusión.  Yo soy como vos, nunca me tendguían que habeg agguebatado de esa vidguiega. ¿O fue mi deseo escapagme, pensando que eso que llaman vida estaba afuega? ¡Salvame, Fgansuá! Llevame a pegag de nuevo la naguiz contga tu vidguio, a sentig un escalofguío pog mi cuegpo de pogcelana. Lástima que no vayas a escuchagme.

domingo, 18 de mayo de 2014

El Polonio Libertè. La libertad es fanática.

12 segundos
baila la luna
esplendorosa
brilla en los ranchos blancos
estrellas que la ciudad se come
pegadas una al lado de la otra
tocándose acariciándose
velas y fogones
esta noche no es para cualquiera
doce segundos
de oscuridad maravillosa
un segundo de luz que marca un camino

días de libertad
su gente
el calor de sus ojos
anarquía libertad
libertad o muerte
acá todos somos libres
la desnudez del mar
abrir la piel
la intimidad reposa en la arena
cuerpos almas danzantes
como las dunas con el viento
arenas finas movedizas
calientes
nubes que mueren en el sur
viajan como rayos
encallaron barcos náufragos
una puesta de sol para tus sueños
una cama en el medio de dos mares
mires donde mires se respira soledad

el espejo de la vida
y yo con mis ojos de abuela
labios nariz de abuela
toda mi cara de abuela
la descubro ahora
nadie me lo contó
vi su rostro en ese retrato
mi rostro
esos mínimos detalles en el espejo
después de un largo rato
detalles que nadie ve
la pequeña desviación del ojo
el parpado un poco cansado
el labio inferior más gordito

mi ser interior
justo después pensé en vos
en tus ojitos claros
mirándome rogándome un beso
que no que no puedo
vos tan joven…
no quiero volverme vieja
no en este instante
siento la llama de la vela del polonio en mí
el viento me vuelve a chocar con fuerza
no quiero soltar lo que vive adentro
la rebeldía
las ganas de no conformarme nunca
de no quedarme en ningún lugar
más que en esta isla vuelta cabo
pero con quién sino conmigo
los sueños son libres
me complican hoy
siempre el vaivén de las gaviotas
un instante infinito
el sol da su máxima energía
me siento viva muy viva
quiero quedarme
con quién sino conmigo

el arte y el tiempo
el arte esta acá o en ningún lado
arte este cielo
el viento el sol
arte de paz
las dunas las rocas
colores vivos
no existe el pesado reloj
ni los ritmos que impone
el tiempo es otro
liviano
lo marcan el sol y la luna
el segundo donde me sentí viva
llena de luz arte y juventud

los sueños
los sueños me siguen persiguiendo
son de mi propia esencia
desalienados
un universo paralelo
que me llama y me seduce
volvieron las pesadillas de niña
donde me ahogo en un sollozo tan real
algunos miedos persisten
mosquitos y dolor de cuerpo
sueño realidades extensas
duermo profundo

la partida
nostalgia por esos días tan polonienses
el cabo y el faro cada vez más chiquitos
lagrimitas con sabor a alegría plenitud libertad

la vuelta
en mi casa duermo una siesta
despierto con frio
estado theta y alfa
la oscuridad del faro
solos él y yo, muy altos
y el viento de la noche del polonio


domingo, 9 de marzo de 2014

Daireaux


Llegué a tu pueblo buscando un poco de vos y de mí. Me lo sugeriste esa noche que te vi tan linda y contenta, como quien se prepara para ir de visita donde hace mucho no va.

Esa ligazón con el pasado, los orígenes, linajes, la sangre que corre por mi cuerpo, bombea el corazón, tira. En un afán espiritual, pero también sociológico. Cuanto más hurgo en mi historia más entiendo quién soy. Quiénes somos. De dónde vengo, adónde voy.

Pueblo expandido con la llegada del ferrocarril, que aloja hectáreas que fueron premio de genocidas que aún hoy son enaltecidos por la toponimia y las estatuas. Tan lindos eran esos campos, que fueron elegidos.

Habrás corrido por esas callecitas de tierra cuando niña, tu primer baile, la plaza, los domingos y qué más, me faltó preguntarlo.

Pasé por tu pueblo y te pienso despidiéndote de él como tantas otras jóvenes que migran a la ciudad en busca de sueños. Habrás pasado momentos difíciles, ya me han hablado de vos como la mujer luchadora que fuiste. Imagino que la vida te supo recompensar.

Ahora entiendo más de tu sonrisa, vi otras tantas parecidas, que confirman que ni los años ni las arrugas la pueden apagar. La muerte tampoco. Sonrisa de labios gruesos. Las manías, los comentarios, los gestos. Todo eso tuyo vive dentro de mí.

Historia valores principios ideales luchas pueblo guerras revoluciones judíos cristianos. España, Argentina y Rusia. Sudamérica. Latinoamericana. Bisnieta de inmigrantes. Soy esta mezcla que no ven, que no entienden, mientras me quieran encasillar.

Llegué a tu pueblo buscando un poco de vos y de mí,
y nos encontré.

domingo, 19 de enero de 2014

Poesía de aire

y si esta roca no soy muro bloqueado rio seco ni dulce ni salado no soy este cuerpo desalmado corazón que no late pecho estrecho reloj sin tiempo angustia hecha nudo demasiadas
preguntas
respiro
por
el
cauce
de
lágrimas
hundiendo
la
cara
en
un
agujero
de
sollozo
tres
insomnios
esperan
una
tormenta
de
palabras
             y en el medio la cama
                    y en un costado estás vos
dónde estoy yo
soñando
que
sueño
garabateando
lo que ya no escribo
buscando esa poesía que abre el pecho y deja pasar el aire