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martes, 25 de agosto de 2009

Je t’Aime

Tal vez acá sentada termine la ficción, en la más triste realidad de todas, donde abundan los desencuentros y las tristes melodías. Los encuentros, las oportunidades, la sincronización de estadios personales para dejar la unicidad. La sinceridad, los secretos confesos, palabras que quieren escupirse, y dan miedo. El vértigo, las ganas de caer, en el mismo precipicio en el que se siente volar, intenso. Esperar que valgan la pena las historias que pasaron, el estar a la espera de un sacudón. Todo aquello que dejamos ir, lo que no vuelve, lo que no llega, te anuda el corazón. Sentir, llorar, gritar, escribir, tal vez eso desanude por un rato la angustia impotente, que cada vez más quiere ser invisible. Y las luces de la ciudad, que titilan y encandilan, gustosas de ser quienes iluminen miradas que choquen y perduren, un día.-

martes, 18 de agosto de 2009

El silencio en la calma

Dame una porción de tu cielo
Una arteria de tu corazón
Anestesiame
No voy a prestarle atención a la soledad
Tan sólo un libro agarrotado de compañía en la voz
Seguro quieras arrancártelo todo.



Sobrevolar la ciudad y mirarla con otros ojos. Sentir cómo vuelve aquello que causaste olvidadiza, mientras tus manos siguen desconstructivas. Asumir que no existe el momento constante, que sos más efímera que nunca. Que el grito es en el llanto, lo que el silencio en la calma. Y soñás todavía, sí. Pero no querés los sueños que te tocan.

Tal vez quieras oler mi perfume, o abrazarme un poco cuando un llanto sin argumento se quiera apoderar de mí. Tal vez puedas darme la mano las tardes en las que no quiera cruzar la calle sola, o escuchar mis incongruencias por un rato nomás. Aunque soy yo quien debe quedarse alguna vez. Encontrar mi punto de anclaje. Alojarme, sin equipaje que me invite a huir.

lunes, 10 de agosto de 2009

Inercia abandónica

Por qué a veces seguimos sólo por inercia, cuando ya sabemos que no vamos a llegar.

Por qué a veces seguimos, aún cuando ya no podemos ni queremos, tan sólo para no traicionarnos y no nos damos cuenta que más traicionero es hacer por llegar, pero sin sentir.

miércoles, 5 de agosto de 2009

La tierra no es para ángeles

Sus ojos eran iguales a los de aquella mujer. Sus gestos. Sobre todo al llorar. Era posible percibir cómo el pecho colorado se les comprimía de angustia, de impotencia, por no poder modificar las actitudes de los suyos. La primera mujer era un ángel. El temor, es que la segunda también lo sea. ¿Y la tercera que ha nacido?