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jueves, 30 de octubre de 2008

Amores epistolares encontrados en algún cajón II

Mar del plata, 12 de Septiembre de 1992
Querida Eugenia:

Apenas la separación, y ya el cuerpo me pesa. Ya el alma se desploma. Pensando en ese artificio del concepto de distancia, creyendo que es lo que nos cambia, mientras el inconsciente coherente sabe que siempre vivimos igual de distantes.

Tú siempre sacas provecho. Comienzas a desplegar tus armas letales de seducción femenina, inagotables. Las desparramas por todos tus ámbitos sociales, buscando una nueva víctima. Y la encuentras, claro, pero no te alcanza, o no te sirve, y la abandonas.

Sabes bien de nuestras libertades, nuestros jueguitos circulares, sabes que tuvimos el tiempo suficiente para construir el refugio que más nos acoge, pero renegamos. Si ya me dijiste que no hay otro como yo, pero siempre con la misma tontera que te impide elegirme.

Oh, Eugenia… ¿Volverás otra vez, a las dos semanas, como en cada separación? Ya no juegues conmigo, me haces tan mal. Y somos tan cómplices, aunque siempre voy a echarte la culpa. No vuelvas, Eugenia, no me hables, no me llames, no me escribas.

Ay, Eugenia, por favor te lo pido, no me dejes, no busques otro hombre. Quédate conmigo, o sola, tal vez lo aceptaría. Pero no apoyes tus labios en otros ajenos, no acaricies otra piel. Euge, Eugenita, Eugenísima mía… ¿Será el amor esta locura?
Hasta siempre,

Claudio.

domingo, 26 de octubre de 2008

Amores epistolares encontrados en algún cajón I

Santa María de Punilla, 9 de Junio de 1980
Querido Rafael:

Te quiero tanto, cariño, cuando te vuelves adorable para mí. Podemos ser la luz de cada noche que no amanezca. Me muestras tu costado más dócil y olvido, por un rato, que quererte es no quererme.

Si ya me has repartido tus sobras y tu oscuridad, puedes cuidarme ahora, para que ya no sienta la obligación de huir. No sé si ya has visto el lugar que gané entre los tuyos, pero eso habla bien de mí.

Deberías saber de mi costumbre de ya no aferrarme a nada, salvo a este capricho de vos. Sueño con lazos nuevos para ti y para mí. Lazos que ya existen, y sentimos, pero más fuertes y visibles. Porque confío en que algo de sensibilidad queda en tu alma.

No dejes de mirarme, aún cuando el sol te queme las pupilas al hacerlo.

Efímeramente tuya,

Lucrecia.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Son o se hacen


Son horas que se escaparon de las agujas, volando como mariposas. Son tan minutos los contados. Son tan absurdos los instantes en que los sueños nacen, y los besos engañan, y las culpas callan. Son siempre los mismos cuentos que nos desvelan, inquietantes, imposibles. Son puertas que cerramos para tirarnos por las ventanas. Son alas que quiebran el aire, al pasar por el cielo gris de tu techo. Son mis ropas apretadas contra tu nariz. Son unos pocos locos corriendo en contra del viento. Son tus deseos en mis manos. Son imágenes años ’50, tomados del brazo, la lluvia, un paraguas, el pelo recogido y mi pilotín. Son soledades mal acompañadas. Son mentiras que creemos al cansarnos de llorar. Son manotazos de ahogado que ya no van a salvarnos. Son ojos que siempre creen ver magia, donde ni siquiera hay vida. Son ganas de renacer en el segundo próximo, sin paciencia. Son cantantes los cobardes y tan ilusas las princesas. Son los colores que nunca quisimos vestir, pero tampoco abandonamos. Son temores, dolores, pasiones, obsesiones, inconsciencias, confusiones… ¿Con qué sentimientos el amor se hace concepto?

martes, 7 de octubre de 2008

Un templo para su perdición

Ella era una artesana del amor, de las que no suelen encontrar las piezas que buscan para trabajar, una artesana de obras inéditas. Pasaba horas sintiendo música, la retrotraída directa al momento vivido anteriormente. Había llegado para quedarse, para perpetuar sus risas en cada lapsus de necesidad. Constructora de caminos intrínsecos, en medio de abandonos tan merecidos.

Él tenía esa sonrisa escandalosamente bella, con la que podía iluminar todo el escenario. También un cuerpo esbelto, una curva, y una piel tensa… suave y tensa. Y con todo lo que poseía construía un templo para su perdición. Pero, llevaba un dolor que le cegaba el alma, lo dejaba sin sueño y sin vuelo.


- Contame, que te entristece saber que no estoy - le suplicó, tomándola de la mano.

- Creí que después de este pesar no habría nada peor... Y sí, era la imposibilidad para volver a sentir.

- ¿Alguna vez te miraste fijo hasta llegar a no reconocerte? - adujo petrificado.

- Ansiamos y tememos igual - Dijo ella convencida, con las facciones duras, como cada vez que se volvía necia - Lástima que no lo puedas ver...

- Es el lugar que ocupás en mi cuerpo, el que nadie puede quitarte.

- Ojalá no puedas. Yo tampoco puedo, pero no me dejás opción - Murmuró encolerizada, provocando estupor en su compañero, ahora inquieto.

- No me enfurezcas, si no querés ver así a quien fue de tu creación - Dijo amenazante, mientras hurgaba los bolsillos de su gabardina, buscando algo que lo apacigüe un poco.

- Me quedaría siempre con vos… -
suspiró la mujer, como ida, apretando fuerte la foto vieja que llevaba dentro de su cartera.

Y él se moría por fumar un cigarrillo, y ella por abrazarlo y no soltarlo jamás.

jueves, 2 de octubre de 2008

Roca erosionada por mi falta de vos

No crezcas, porque eso va a dolerte. Vas a ver, con otros ojos y los propios, cómo el amor se traiciona a sí mismo.

En este espacio soy roca erosionada por la permanencia en el naufragio, por el pecado de haberte echado. Roca erosionada por mi falta de vos. Si hasta las baldosas nos cuentan el cuento. (Tal vez la caricia de un niño me re-sedimente un poco.) Columna esbelta que sostiene esta impaciencia, esta soledad a causa de tanto amor extraviado. Cómo te animaste a volver a caminar, por esas callecitas, de vuelta amarrado. Hay tantos barrios malditos…

Algunas de tus miradas aún cristalizan la culpa de matar un poco cada día aquello que no debería haber muerto, eso mismo que no murió pero aplastamos a pisotones. Culpa por nuestros tontos corazones, ahora necesitados de anteojos.

No me alivian estas letras a mi alcance, ni ver tus piecitos andando cerca de los míos. Cómo somos dialéctica por años y luego caminamos, nos cruzamos y ni nos miramos. Cómo vamos a envejecer sin volver a caminar de la mano, juntos a la par. Si me eras tan incondicional que tuviste que buscarte una correspondencia que se confunda conmigo a lo lejos.

Tormentos, tormentas. Tempestades, temporales. Lluvias, torrentes.

Ya no quepo en tu eternidad.