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miércoles, 27 de agosto de 2008

Boceto de una despedida

(O de un amor estacionado)

" - ¿Por qué me hacés sufrir, bobo?
Ya sé que estás cansado, que no me querés más.
Nunca me quisiste, era otra cosa, una manera de soñar.
Andate, Horacio, no tenés por qué quedarte.
A mí ya me ha pasado tantas veces... "
Julio Cortázar, “Rayuela”.

Lo siento cariño, sabes que todo lo mío fue para ti.
Me guardo en el bolsillo un soplo de vida para regalarte, y unos pocos odios para olvidarte.
Lo siento corazón, te esperé en todas las esquinas, en todos los sueños.
Me amasaste a tu modo, y te resentiste para no creerlo.
Lo siento Principito, ya he agotado todas mis lágrimas por las tuyas verdes.
Agoté ilusiones, exprimí nuestro destino, creí cada día un poco menos.
Lo siento presumido, hace tiempo me había aprendido tu manual de artimañas y reacciones.
Habitaste en mí tantos espacios imposibles de deshabitar, sentí amor disparatado.

Guíame por la oscuridad de tu belleza pecaminosa, guíame. No hay entendimiento, cierto, ni construido, ni extraído. Me mirás y me encandilás el cuerpo. Tenés rosa los labios, tenés dulces los labios, mi alma suspira. Y lo real se volvía sueño, y el sueño, realidad cruda. En la contradicción más plena, te amo.

Lo siento bonito, fui tu imagen y tu música.
Lo siento mi vida, el tiempo se pasó y nos voló.
En este fragmento de existencia que marcan las agujas, me vaciaste, me hundiste, no lo sabes, pero perdiste.
¿Qué vas a hacer sin mí? ¿Quién vas a ser? Tus caprichitos de insolente, tus delirios desmedidos… ¿Dónde vas a experimentar esa coordinación-correlación, de deseo? ¿A quién vas a instruir? ¿A quién vas a regalarle los sueños que no me diste? El movimiento de tus bracitos al caminar, esa barba para tapar tu luz, tu guitarra de sonido esplendoroso… ¿A quién vas a cantarle tu
sombrita hoy, corazón de empedrado?

No hay estaciones para el amor, cuando el amor se estaciona.
El amor nos estaciona.
Final del juego.
(Pasar en limpio)

miércoles, 20 de agosto de 2008

Sólo así, luego cuando no


Sólo así,

soy yo con vos.

Cuando no,

ya no soy ni una manito de mí.

Cuando no,

ya no soy ni una carita,

ni una palabrita dulce.

Sólo así,

soy sonrisa distendida,

paciencia y amor.

Sólo así,

existimos de a dos,

somos brazos y piernas

guiando un vuelo efímero e irreal.

Y luego otra vez cuando no,

el vacío llena la habitación

y el desamparo el corazón.

Culpa.

jueves, 14 de agosto de 2008

Desconstrucción

También hay días donde parece que todo marcha bien. Silvio en el colectivo, aires primaverales en pleno invierno. Verde, celeste y rosa, sin duda los sueños llevan colores. Bajo el sol me dijiste que te encontraría, y era cierto. Tal vez fue esa la única certeza.

Aún los ojos dicen más que las palabras, aunque sean ellas quienes nos consuelan o nos hunden en las verdades que no queremos escuchar. Y esos ojos daban ganas de comérselos a besos.

Siempre voy a ser una prisionera de mis invenciones, para no romper con mi dialéctica. Ni fantasía, ni realidad; sin el pan y sin la torta. Y otra vez esa correspondencia que siempre me pasa de largo.

¿Cómo pudiste haberte desconstruído tan sola?

domingo, 10 de agosto de 2008

LA NECESIDAD NECESARIA DE NECESITAR


I
“…Esclavos de alguna necesidad…” (1)

Un chocolate, un poco de amor, un jugo de naranjas, gomitas coloradas. Un alcaucil, una noche con amigas, un Gancia batido. Dormir de corrido, pintarme las uñas, una película en la cama. Tres discos seguidos, remolonear un rato más. “Te quiero”, un beso, una caricia. Luchar en la cama, soñar despierta, muchos palmitos. Frutillas con crema, pintarme los labios, ahogarme con mi propio perfume. Horquillas en el flequillo, tocar la cama fría, enroscarme en la almohada, cantar fuerte y con ganas sobre la música. Un Sugus, una chocolotada, un poco de zapping antes de dormir, encontrar mariposas.
II
“…Como un ciego imaginar, te necesito.” (2)

Necesito tu risa que hace asomar a tu diente.
Necesito sujetarnos fuerte la mano para luego largarnos a andar.
Necesito aplastarte al grito de “¡Empezó la lucha!”.
Necesito sentir tu paz recorriéndome.
Necesito tu calle, tu plaza, tu casa, tu árbol.
Necesito soñar con vos durmiendo en tu pecho
(Y despertarnos enojados para seguir necesitándonos).
Necesito tus ojos soñadores, tus labios exagerados.
Necesito creer que no es cierto que me encuentro otra vez en el vacío que necesitamos para poder arruinarnos de necesidad.
III
“…Algunos que no pueden esperar, y no aguantan más la necesidad…”
(3)

Todos, cualquiera, algunos, necesitamos levantarnos colmando los vacíos.
Todos, necesitamos desplumarnos cada día en un abrazo.
Cualquiera, necesita recibir un beso húmedo antes de dormirse.
Algunos, necesitamos llenarnos las panzas de cosquillas para sentirnos más vivos.

Ella, él, yo necesitamos saber que alguien en algún lugar nos está queriendo.
Ella, necesita ya no extrañar.
Él, necesita ya no callar.
Yo, necesito necesitarte cada minuto un poco menos.
Nosotros, necesitamos unirnos para contagiarnos las sonrisas que todavía no pudieron robarnos.

IV
“Necesito alguien que me emparche un poco…”
(4)


Si dejara de necesitar, tal vez necesitaría menos. Pasa que cuando uno comienza, ya no puede parar de pedir. Como si fuera la necesidad de no querer conformarse nunca. Y cuando digo “nunca” es nunca. No de vez en cuando, ni un poquito, ni a veces. Es nunca. Siempre queremos más… Y bueno, la vida empieza a parecerse a una lista infinita, que cada vez que conseguimos algo, conseguimos con ello una nueva exigencia.

Un día me propuse dejar de necesitar. Veinticuatro horas sin necesidades. Y… ¿Qué pasó? No pude, claro.

La necesidad me es tan adictiva como el soñar, esperar, imaginar…

Pero, un momento. Pasar los minutos sin sueños, añoranzas, ilusiones… sería no esperar nada de las acciones que llevamos a cabo cada día. Se parecería a no pretender evitar que una hora sea distinta a la otra. Entonces, puedo reivindicar la adicción a la necesidad, traduciéndola al necesitar al otro igual y al diferente, necesitar ayudar a quien nos necesite, necesitar disfrutar del brillo de los ojos ajenos. El necesitar, puede equivaler también a la espera de que algo suceda, de que alguien se intrometa en nuestra marcha. A la espera de que algo cruce el cielo y nos deje estupefactos, en el segundo más extraño de un monótono día.

lunes, 4 de agosto de 2008

Vos y tus manos, ellas y yo

Tus manos, tus uñas, esas yemas que tanto me acariciaron. Dedos que entrelazamos tan compañeros. Palmas de caricias justas y perfectas. Tus huellas dactilares que se borraron hace rato de mi piel, y tu tacto que la olvidó.

Cuando permanecemos como volando en el vacío y tu ausencia punza en cada poro de la piel, en cada hueco de mi cuerpo, asumo que no vas a traerme mi abrigo, aunque me quiebre de tanto frío.

Dónde guardaste nuestros besos, dónde tiraste nuestros deseos, dónde archivaste la historia. Como si todo el magnífico amor me hubiera vuelto hecho dolor eterno, tu indiferencia me anuda la panza.

Y cuando estalle mi pecho, juntá los pedacitos y pegalos. Volvé a soñarme, robame el alma por los viejos tiempos. Arrancame de este insomnio, de esta incompetencia para soñar. Desatame de este embrollo, que se teje en bufanda. Cortame los hilos que me mantienen en esta encrucijada. Liberame de esta angustia.

Si esos ojos me miran desde el fondo, ya no se en qué lugar soy.
(Si yo soy lo que siento.)